
El poeta José Gabriel Valdivia acaba de presentar su más reciente trabajo, “Postales”, un viaje por el minimalismo de la poesía, concebido en los años 90. Un proyecto que no busca modificar el lenguaje ni la actitud poética, pero sí la forma del poema.
La característica principal de Postales es la brevedad de los textos…
Exacto. He querido ejercer la brevedad como la forma más cercana de expresión natural, espontánea, de uno mismo. Uno de los principales elementos de la creatividad es la espontaneidad, y la espontaneidad demanda ser breve. Sin duda, entre mis héroes poéticos destaca Westphalen que, a diferencia de Eielson, no arribó al silencio, pero sí a la concisión o a la precisión de la palabra, y claro, con esa rutilancia estética o brillantez que acompaña siempre a la buena poesía. Por otro lado, la sociedad misma nos exige ahora ser breves.
Postales, como título para un poemario es sugerente. ¿La brevedad poética tiene que ver con ese destello fotográfico o de la memoria?
La postal en sí misma es un icono gráfico que captura un instante que, de algún modo, compartes con quien está ausente. Estos poemas son un poco eso. Los escribí pensando en aquellos momentos compartidos con tal o cual persona, en la mayoría de los casos aparecen sus nombres en las dedicatorias. Pero mi intención fue registrar un momento único, una especie de revelación o epifanía sentidos en la brevedad de un segundo. Bueno, además la postal representa la brevedad si la comparamos con la carta. Desde el punto de vista ideológico, en una sociedad tan hipnotizada por la imagen, me gustaría que ésta fuese igualada o superada por la palabra en su intensidad.
Siendo un proyecto que iniciaste a mitad de los 90 con poemas sueltos, ¿te costó luego armar el poemario de manera, digamos, coherente?
No quería que el poemario se convirtiese en una colección de poemas sueltos. La data de la escritura original de cada poema es muy diversa, pero en el proceso de la composición final descubrí una línea existencial que me ayudó a organizar los textos de manera que pudieran leerse uno después de otro. Cuando hallé esa línea existencial, los poemas fueron encajando.
Existen algunos poemas sobre relaciones filiales…
Sí. Gran parte de Postales explora, en alguna medida, mi relación con mis hijos. En parte tiene que ver con los prejuicios del machismo. A la madre le está permitido expresar libremente todo el cariño que pueda sentir por sus hijos, pero a los padres no, se les pone una serie de trabas. Escribir poesía exige también estudio. Incluí en el libro una serie de epígrafes, citas de diferentes poetas, que abordan el tema filial. La cuestión filial, la relación entre padres e hijos, se ha convertido para mí en un tema recurrente.
¿La brevedad se adapta bien a estos temas?
Sí, además existe ya toda una tradición literaria al respecto. La copla, el madrigal, el epigrama. Parte del juego posmoderno es rastrear el pasado en busca de viejas formas literarias y rescatarlas al presente, pero ya de manera distinta. Pero, por otro lado, me impuse también una especie de reto como poeta. Desde hace unos años, debido a mi función como docente universitario, estoy en constante contacto con jóvenes bastante más cibernetizados que yo. Un día charlando me informaron que no se podía mandar un mensaje de texto que superara los 156 caracteres. Después de exceder ese número se va borrando tu mensaje. Me propuse entonces, de manera específica, que ninguno de estos poemas fuese más extenso de lo que un mensaje de texto podía ser; y conseguir en 156 caracteres decir todo lo que quiero decir como poeta, como hombre, como padre.
¿Qué se sacrifica con la brevedad?
Definitivamente, el poeta sería el único gran sacrificado. El poeta siempre quiere decir más. Pero el poema tal vez no necesite decir más nada.
* Entrevista e imagen tomadas del semanario El Búho nº 354, 9 diciembre de 2008.
La característica principal de Postales es la brevedad de los textos…
Exacto. He querido ejercer la brevedad como la forma más cercana de expresión natural, espontánea, de uno mismo. Uno de los principales elementos de la creatividad es la espontaneidad, y la espontaneidad demanda ser breve. Sin duda, entre mis héroes poéticos destaca Westphalen que, a diferencia de Eielson, no arribó al silencio, pero sí a la concisión o a la precisión de la palabra, y claro, con esa rutilancia estética o brillantez que acompaña siempre a la buena poesía. Por otro lado, la sociedad misma nos exige ahora ser breves.
Postales, como título para un poemario es sugerente. ¿La brevedad poética tiene que ver con ese destello fotográfico o de la memoria?
La postal en sí misma es un icono gráfico que captura un instante que, de algún modo, compartes con quien está ausente. Estos poemas son un poco eso. Los escribí pensando en aquellos momentos compartidos con tal o cual persona, en la mayoría de los casos aparecen sus nombres en las dedicatorias. Pero mi intención fue registrar un momento único, una especie de revelación o epifanía sentidos en la brevedad de un segundo. Bueno, además la postal representa la brevedad si la comparamos con la carta. Desde el punto de vista ideológico, en una sociedad tan hipnotizada por la imagen, me gustaría que ésta fuese igualada o superada por la palabra en su intensidad.
Siendo un proyecto que iniciaste a mitad de los 90 con poemas sueltos, ¿te costó luego armar el poemario de manera, digamos, coherente?
No quería que el poemario se convirtiese en una colección de poemas sueltos. La data de la escritura original de cada poema es muy diversa, pero en el proceso de la composición final descubrí una línea existencial que me ayudó a organizar los textos de manera que pudieran leerse uno después de otro. Cuando hallé esa línea existencial, los poemas fueron encajando.
Existen algunos poemas sobre relaciones filiales…
Sí. Gran parte de Postales explora, en alguna medida, mi relación con mis hijos. En parte tiene que ver con los prejuicios del machismo. A la madre le está permitido expresar libremente todo el cariño que pueda sentir por sus hijos, pero a los padres no, se les pone una serie de trabas. Escribir poesía exige también estudio. Incluí en el libro una serie de epígrafes, citas de diferentes poetas, que abordan el tema filial. La cuestión filial, la relación entre padres e hijos, se ha convertido para mí en un tema recurrente.
¿La brevedad se adapta bien a estos temas?
Sí, además existe ya toda una tradición literaria al respecto. La copla, el madrigal, el epigrama. Parte del juego posmoderno es rastrear el pasado en busca de viejas formas literarias y rescatarlas al presente, pero ya de manera distinta. Pero, por otro lado, me impuse también una especie de reto como poeta. Desde hace unos años, debido a mi función como docente universitario, estoy en constante contacto con jóvenes bastante más cibernetizados que yo. Un día charlando me informaron que no se podía mandar un mensaje de texto que superara los 156 caracteres. Después de exceder ese número se va borrando tu mensaje. Me propuse entonces, de manera específica, que ninguno de estos poemas fuese más extenso de lo que un mensaje de texto podía ser; y conseguir en 156 caracteres decir todo lo que quiero decir como poeta, como hombre, como padre.
¿Qué se sacrifica con la brevedad?
Definitivamente, el poeta sería el único gran sacrificado. El poeta siempre quiere decir más. Pero el poema tal vez no necesite decir más nada.
* Entrevista e imagen tomadas del semanario El Búho nº 354, 9 diciembre de 2008.
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