Cascahuesos Editores es una editorial independiente (o alternativa) de la periferia peruana. Fue fundada el 16 de octubre de 2007 en la ciudad de Arequipa, Perú, y ha tenido un constante crecimiento dentro del ámbito nacional e internacional gracias al esfuerzo que ha venido realizando con publicaciones periódicas de libros de narrativa (cuento y novela), ensayo y, en especial, de poesía, de algunos de los escritores más importantes de Latinoamérica, tales como Carlos Germán Belli (Perú), José Kozer (Cuba), Vladimir Herrera (Perú), León Félix Batista (República Dominicana), Yuri Vásquez (Perú), Alexis Naranjo (Ecuador), Raúl Bueno (Perú), Ernesto Carrión (Ecuador), Edgar Guzmán (Perú), Felipe García Quintero (Colombia), Enrique Verástegui (Perú), Luis Carlos Mussó (Ecuador), Domingo de Ramos (Perú), y a la vez, apoyando a escritores jóvenes latinoamericanos de gran proyección. Nuestro catálogo comprende hasta la fecha más de 70 títulos. Su presencia en el ámbito latinoamericano también se ha dado gracias a su activa participación en muchas ferias internacionales tales como la FIL Lima, FIL Quito, FIL La Paz, FIL Santo Domingo, FIL Guayaquil y FIL Arequipa, además de haber sido seleccionada para asistir, en mayo de 2014, al primer MICSUR (Mercado de Industrias Culturales del SUR) realizado en la ciudad de Mar del Plata en Argentina.

16.12.09

“EXTRAMUROS DE LA POESÍA” por Francisco Melgar Wong en El Comercio


El poemario más reciente de Enrique Verástegui llega a estantes con el sello de la alianza editorial Sol Negro/Cascahuesos. Aquí el autor de “En los extramuros del mundo” hace a un lado los poemas de largo aliento que lo caracterizan, así como los ensayos científicos que nos entrega de tiempo en tiempo, para trabajar textos breves en que se encuentran la cotidianidad, los recuerdos bohemios, la reflexión filosófica y las referencias a la enorme cultura que ha cultivado a lo largo de su vida. Resalta un poema dedicado a su hija llamado “Poesía para señoritas”: “Cuando leas poesía / aprende a distinguir lo Verdadero de lo Falso / No todo lo que está bien escrito es Verdadero/ y todo lo mal escrito es necesariamente Falso / El Criterio de Verdad es lógica impecable / Falsedad es absurdo más allá de cualquier palabra / Así, si distingues Verdad de Falsedad/serás una princesa consorte / comerás uvas / y acertarás cuando leas poesía”.

*Tomado del diario El Comercio del día 14-12-2009.

29.10.09

Nueva PUBLICACIÓN INTERNACIONAL en Cascahuesos Editores: “JARDÍN DE ARENA” del poeta ecuatoriano CRISTÓBAL ZAPATA.


Nos complacemos en anunciarles nuestra próxima publicación internacional, se trata de un nuevo libro de Cristóbal Zapata, uno de los poetas más importantes de Ecuador aparecido a finales del siglo XX, quien además es, crítico literario y de arte. Su nuevo libro, que ya se encuentra en prensa, se llama Jardín de arena y viene acompañado de un gran prólogo del poeta cubano José Kozer.

Cristóbal Zapata nació en Cuenca-Ecuador, en 1968. Ha publicado los libros de poesía Corona de cuerpos (1992), Te perderá la carne (1999), Baja noche (2000), y No hay naves para Lesbos (2004), además del “cuarteto narrativo” El pan y la carne (2007), por el que recibió el Premio Nacional de Cuento “Joaquín Gallegos Lara” de ese año. Además, ha editado la antología de relatos de Huilo Ruales Hualca, Historias de la ciudad prohibida (1997), y la poesía reunida de Roy Sigüenza, Abrazadero y otros lugares (2006), ediciones precedidas de exhaustivos estudios introductorios.

También ha dirigido varios talleres de literatura en Cuenca y Quito; y es además autor de numerosos ensayos sobre arte y literatura, y curador importantes exhibiciones dedicadas a artistas ecuatorianos, siendo designado en 1997 Coordinador General de la VI Bienal de Pintura de Cuenca. Artículos sobre arte contemporáneo y literatura han aparecido en importantes revistas nacionales, y entre otras selecciones, su poesía consta en la Antología de poesía ecuatoriana, publicada este año por Alfaguara en España.

Jardín de arena es un rostro de prismas que se desintegra reintegrándose desde una constante poética que tiene como propósito implícito, tal vez inconsciente, alcanzar la originalidad por la vía de la tradición, de la recombinación participatoria de los numerosos jardines que conforman a estas alturas la historia de la escritura. Así, maravilla leer aquí textos donde no hay funcionamiento aspaventoso, desmesura epatante, sino por el contrario contención sabia, sabiduría que engarza y engasta los elementos de rigor, desde un rigor que talla, trabaja, elabora y reelabora, se aquieta y se entusiasma, según unos límites que son, precisamente, los del jardín (espacio constreñido con subsuelo que bulle y hormiguea, que nunca cesa) y la arena, signo ésta de la desintegración de todo lo humano, de toda criatura de cualquier índole que sea, y a la vez amplio, habitable desierto, donde la línea de demarcación entre crecimiento y destrucción, entre fertilidad y aparente esterilidad, se esfuma”, ha dicho José Kozer sobre este nuevo libro.

26.10.09

“MANDALA”, primer libro de HUGO YUEN, ganador del Segundo concurso internacional de poesía “Javier Heraud” en Cascahuesos Editores


Continuando con nuestras publicaciones, les anunciamos que nuestro siguiente título a publicar es Mandala, primer libro del poeta arequipeño Hugo Yuen Cárdenas, reciente ganador del Segundo concurso internacional de poesía “Javier Heraud”, que organizó la Fundación Yacana y cuyo jurado estuvo integrado por Raúl Zurita, José Antonio Mazzoti y Luis Cárcamo.

Hugo Yuen es un talentoso poeta que apareció a mediados de los años 80 y obtuvo diversos premios tanto en narrativa como en poesía en nuestra ciudad. Sin embargo pese a ello nunca se atrevió a publicar libro alguno a pesar que en los últimos años ha obtenido reconocimientos por su obra tales como la Mención Honrosa en el Premio Copé de Poesía (2005) y recientemente al haber ganado el concurso internacional de poesía Javier Heraud.

Yuen nació en Arequipa en 1964. Es abogado y licenciado en filosofía. Magíster en Dirección Estratégica y Gestión de la Innovación. Se ha desempeñado en diversas áreas, como la docencia universitaria, el periodismo, las Relaciones públicas y la gestión pública. Y ahora, Cascahuesos Editores, en co-edición con el Gobierno Regional de Arequipa se encargará de publicar Historia de Intramuros una trilogía compuesta por los libros Mándala (que ya se encuentra en prensa), Parafernalia y Retorno a Mandala.

Y eso no es todo, aún hay más novedades. Estén a la espectativa.

21.10.09

Una gran noticia para los amantes de la buena poesía latinoamericana: JOSÉ KOZER en Cascahuesos Editores


Continuando con un mes prolífico en publicaciones, Cascahuesos Editores por fin tiene el gran placer de anunciar la publicación de Figurado y literal, un extenso libro de poemas de uno de los mejores y más importantes poetas latinoamericanos contemporáneos vivos: se trata nada más y nada menos que el poeta cubano José Kozer.

En este nuevo libro, y en palabras del poeta Maurizio Medo, la «historia (si fuera posible hablar de una y no de miles de historias) retrata la condición anfibia de los migrantes (judíos, checos, italianos, alemanes) por estas latitudes: su desarraigo —del mundo original— y su asimilación de lo nuevo. Lo singular es que José Kozer a través de la poesía fusiona esta dicotomía para lograr un equilibrio para su “estar-en-el mundo” (Heidegger), uno que ya existía, cómo no, pero que con él pareciera reinventarse ampliando cada vez más sus fronteras hasta “desterritorializarse” (Deleuze)».

Cabe decir, que, además de poeta, Kozer es un gran ensayista, traductor y profesor universitario. De padres emigrantes judíos provenientes de Polonia y Checoslovaquia, actualmente reside en Estados Unidos de América desde 1960. Nació en La Habana-Cuba, en 1940, donde vivió sus primeros veinte años. Luego de establecerse en USA, de 1965 a 1997 (año de su jubilación), enseñó Lengua y literatura en español en Queens Collage de Nueva York, en donde, además, llegó a ser Jefe de Cátedra del Departamento de Literatura Comparada.

Su poesía une varias tradiciones poéticas importantes, como la judía o la norteamericana; crea un mundo poético personal y a la vez preocupado por el papel del lenguaje. Ha sido ampliamente antologado y publicado en numerosos periódicos y revistas de Europa, América Latina y Estados Unidos.

Recibió la Beca Cintas, la Beca Gulbenkian, y el Premio Julio Tovar de Poesía en 1974. Hasta el momento ha publicado más de 50 libros (en donde se reúnen sus más de 7,800 poemas), y entre los más importantes tenemos: Padres y otras profesiones (1972-USA); Por la libre (1973-USA); Este judío de números y letras (1975-España); Y así tomaron posesión en las ciudades (1978-España); Jarrón de las abreviaturas (1980-México, 2003-USA); La rueca de los semblantes (1980-España); Antología breve (1981-República Dominicana); Bajo este cien (1983-México); La garza sin sombras (1985-España, 2006-Argentina); El carillón de los muertos (1987-Argentina, 2006-México); Carece de causa (1988-Argentina, 2004-Argentina); De donde oscilan los seres en sus proporciones (1990-España, 2007-Chile); Et mutabile (1995-México); Los paréntesis (1995-México, antología); AAA1144 (1997-México); Réplicas (1997-Cuba, antología); La maquinaria ilimitada (1998-México); Dípticos (1998-España); Farándula (1999-México); Al traste (1999-México); Mezcla de los tiempos (1999-México); Rupestres (2001-Brasil y Panamá, portugués-español); No buscan reflejarse (2001-Cuba, selección antológica); Bajo este cien y otros poemas (2002-España, selección antológica); Rosa cúbica (2002-Argentina); La voracidad grafómana: José Kozer (2002-México); Anima (2002-México); Madame Chu & outros poemas (2002-Brasil y Panamá, portugués-español); Un caso llamado FK (2002-México y USA); Una huella destartalada. Diarios (2003-México); Ogi no mato (2005-México); Y del esparto la invariabilidad (2005-España); Íbis amarelo sobre fundo negro (2006-Brasil, portugués-español); Stet (2006-USA, selección antológica, inglés-español); Trasvasando (2006-Venezuela); De donde son los poemas (2007-México); Práctica (2007-México); Mueca la muerte (2007-Chile); Ocambo (2007-Chile); Veintidós poemas (2007-México); En feldafing las cornejas (2007-México); Trazas (Spuren) (2007-Suiza, alemán-español).

Finalmente y como nota aparte Cascahuesos Editores también anuncia que con José Kozer se inicia la publicación de una serie de poetas latinoamericanos importantes y poco conocidos en nuestro país, con la intención de que el lector peruano tenga acceso y conocimiento de ellos. Los nombres serán anunciados periódicamente en la medida en que se realice su publicación. Estén a la espectativa.

20.10.09

La EPIGNOSIS de Enrique Verástegui por JOSÉ PANCORVO


LA EPIGNOSIS DE ENRIQUE VERÁSTEGUI

Escribe: José Pancorvo

Aparecido en el prestigioso sello de poesía Sol negro —en asociación con Cascahuesos, brillante nueva editorial arequipeña de poesía—, el nuevo libro de Verástegui, Teoría de los Cambios, es una vital contemplación de la totalidad. Comenzaremos recordando el pueblo, valle, río y torre llamados Berastegui o Verastegui, en la circunscripción guipuzcoana de Tolosa. El escudo de la villa está partido en dos mitades, una con San Lorenzo portando el libro y la parrilla, la otra con una torre a la que por una escalera un caballero sube llevando su lanza. Lema: Nobleza con Libertad.

Aquí la heráldica viene a propósito porque, lejos de ser la caricatura frívola que a veces aparenta ser, es una ciencia exacta cualitativa, es decir, una ilustración, una fotografía diríamos, de los arquetipos. Familiares, locales, regionales, nacionales —por eso algunos piensan que el Escudo nacional debe ser, será y es el sol radiante—. Y alrededor de los arquetipos suceden los cambios. Este escudo y lema —lo mismo hice con los blasones de Oquendo de Amat en la revista sanmarquina Dedo Crítico— prefiguran al poeta que, como el santo de la parrilla y el libro, arde y paga por servir a su muy elevado ideal. Y al poeta sabio que, como el caballero grada a grada, a través de varias ciencias, mismo Dante, asciende a la Sabiduría, la cual se representa alegóricamente como una dama enorme a la cual hay que subir por una escalera: así está representada en un bajorrelieve de Notre Dame de París, así como en vitrales y esculturas de Chartres y Laon. Para obsequiarle la rosa de un corpus poeticum.

Por que en este libro, lleno de vitalidades, se recorren la filosofía y las ciencias políticas, matemáticas y sociales. Aunque en el Perú hay gigantes de la denominada poesía pura, a la que se dedicaban con exclusividad, como Eguren y Westphalen, no son menores los que, además, nos muestran una poesía de fuertes saturaciones y connotaciones ideológicas, como Vallejo y Martín Adán; del círculo de González Prada y después comunista el primero; el segundo del entorno de Riva Agüero, y siempre católico reaccionario. En Verástegui hay una ascención de ideas poéticas con una nota muy fuerte de conocimiento. De lo relativo cambiante, de lo absoluto, y de sus interrelaciones.

En su búsqueda de universalidad —y, como se sabe, katholikos en griego significa universal—, destaca su mención de la gnosis. La gnosis que demuestra que lo infinito / está en lo finito / donde está, realmente, el universo. La palabra gnosis, a fuerza de ser abusada, tiene dejos de temas heteróclitos u oscuros, pero es la palabra más normal y consagrada del mundo: figura decenas de veces, y siempre como algo bueno, en el texto original del Nuevo Testamento, y centenas de veces en forma de derivados: prognosis, kardiognostes —conocedor de los corazones—, diagnosis, epignosis —conocimiento cabal—, y muchos otros.

En el escudo familiar Verástegui, confluyen hacia el centro, en forma de aspa, cuatro caminos dorados sobre campo verde. Prefigura también la síntesis que persigue Verástegui de los diversos conocimientos por sus vetas más bellas y vivaces y sobre los follajes más frescos y espontáneos. Síntesis expresada como en una rosa de oro: Extiendo la punta de mis dedos para tocar una rosa, / con la mirada concentrada en el centro místico. Con ello Enrique Verástegui se convierte en un Midas de la poesía. Transforma en oro de alto poema hasta a un alka-seltzer: Mi alka-seltzer es la razón, que embellece al mundo.

Razón: ratio en latín, logos en griego —pues “logos” no sólo expresa ser la palabra sino el contenido—. El alka-seltzer se convierte en un símbolo de la gnosis legítima; se convierte en una aparición, como el sabor del bizcocho de Marcel Proust. Y el universo también se aparece como un alka-seltzer que burbujea dentro de la epignosis poética de Verástegui. Como un reloj de Dalí, pero esta vez efervescente, vívido y eficaz. (Dicha de comprenderlo todo. / El Ángel Enrique demuestra que el 1 / no existe y que teoría de mundos múltiples/ son flores: el Espíritu es todo el poder del universo.) Un reloj sin manecillas que marca la hora cero gloriosa y burbujeante.

*En la imagen: José Pancorvo, Paul Guillén y Enrique Verástegui. Tomado de Sol negro editores.

16.10.09

“La prosperidad reclusa”, nuevo libro del escritor ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN en Cascahuesos Editores


Cascahuesos Editores se complace en anunciar la publicación de La prosperidad reclusa del escritor Orlando Mazeyra Guillén. Se trata de un libro de relatos intensos y a la vez frescos que en palabras del gran escritor Jorge Eduardo Benavides, “nos ofrecen personajes descarnados, irremediable e inútilmente insumisos respecto a una realidad de la que no pueden escapar: verdaderos outsiders del siglo XXI. Con un estilo seco, de frases intensas y composiciones vibrantes, el fresco cotidiano que nos presentan los cuentos reunidos en La prosperidad reclusa, anuncian un nuevo autor a tener en cuenta en las letras peruanas”.

Mazeyra Guillén es un talentosísimo escritor aparecido en estos últimos años. Nació en Arequipa en 1980 y estudió en la Universidad Católica de Santa María. Ha publicado URGENTE: Necesito un retazo de felicidad (2007) y, además, tiene algunas distinciones como el Primer Premio Nacional Universitario NICANOR DE LA FUENTE organizado por la Universidad Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque por su relato Todo comenzó en la Universidad en el 2003 (cuyo jurado estuvo conformado por Oswaldo Reynoso y Óscar Colchado); asimismo, su narración Ella siempre está, forma parte de la Selección Internacional del XIII Premio CARMEN BÁEZ (2006) de Morelia, México.

Además es colaborador esporádico de diarios impresos como El Pueblo, el semanario Vista Previa y el suplemento Enigmas del diario Noticias de Arequipa, las revistas virtuales de literatura CIBERAYLLU, Cervantes Virtual (Alicante), El Hablador (Lima), Letralia (Venezuela), Hermano Cerdo (México), Destiempos y el Proyecto Patrimonio de Santiago de Chile. También, varios de sus mejores relatos han sido seleccionados en el Proyecto SHEREZADE de la Universidad de Manitoba (Canadá) además del PROYECTO QUIPU que promueve el crítico peruano Gustavo Faverón y en la bitácora GAMBITO DE PEÓN del escritor Ricardo Sumalavia; y, recientemente, fue admitido en la maestría para escritores de la Universidad de Texas (UTEP) de Estados Unidos.

Finalmente, cabe anunciar que con este libro, Cascahuesos Editores inicia su seria de narrativa “Los juegos verdaderos” en homenaje al gran escritor arequipeño recientemente desaparecido: Edmundo de los Ríos, además de iniciar la promoción de nuevos y talentosos narradores de la periferia del país.

30.9.09

Presentación de LOS ÉXTASIS DEL INCARREY del gran poeta peruano José Pancorvo Beingolea


Cascahuesos Editores se complace en invitarlo a la gran presentación de la antología poética LOS ÉXTASIS DEL INCARREY (1989-2009) del gran poeta José Pancorvo. Dicha presentación estará a cargo de dos distinguidos poetas nacionales: Maurizio Medo y Miguel Ildefonso.

Día: jueves 1 de octubre
Hora: 6:00 p.m.
Lugar: Sala José Ruiz Rosas de la I Feria Internacional del libro, Arequipa-2009 (Parque Libertad de expresión-Umacollo)

Los esperamos.

29.9.09

Portada de LOS ÉXTASIS DEL INCARREY


Aquí está la portada diseñada por el artista visual Augusto Carrasco para el poemario LOS ÉXTASIS DEL INCARREY de José Pancrovo que se presentará en la I Feria Interancional del Libro, este día Jueves 1 de octubre a las 6:30 p.m. en la sala José Ruiz Rosas. Los esperamos!

17.9.09

LOS ÉXTASIS DEL INCARREY: Antología poética de José Pancorvo en Cascahuesos

Un nuevo título del poeta José Pancorvo se viene preparando en Cascahuesos Editores. Se trata de una antología de lo mejor de su produccion poetica entre los años 1989 - 2009. Intitulado "Los éxtasis del Incarrey" la edicion de este libro pretende llenar el gran vacio dejado por editoriales limeñas, quienes no han podido acercarnos al goce de su lectura.

José Pancorvo (Lima, 1952) ha publicado ocho libros poéticos. Estudios en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima -facultad decana de San Marcos y de América- y en la Universidad Católica Santa María de Arequipa. En 1991 fue finalista del Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo y en 2001 representó al Perú en la antología mundial Poetry from around the World, de Kamalesh Sharma, con prólogo de Seamus Heaney y presentación de Kofi Annan. Es directivo del club de paracaidismo deportivo Antarquis.

Esta primera antología extensa de José Pancorvo aparece en Arequipa, donde vivió entre sus 19 y 21 años: siempre vuelve con devoción y meditación a esta gran ciudad, hidalga, monástica y volcánica -que en sus tiempos de fervor mereciera ser llamada la Roma del Perú-. Además, desciende del poeta arequipeño Antonio Sarmiento de Sotomayor, nacido en 1679, y de Miguel Cornejo el Bueno, uno de los fundadores de la ciudad.

15.9.09

MUTATIS MUTANDI. José Güich sobre “Teoría de los cambios” de Enrique Verástegui, en su columna Tren de aterrizaje.


De las voces que incendiaron la escena en los tempranos setenta, son escasos poetas los capaces de ejercer gravitación sobre el curso que la nave seguiría más tarde. Pimentel y Mora, probablemente, por la trascendencia de sus primeros libros, quedarán como referencias indudables de ese periodo de estallidos, provocaciones al establishment académico y mutación de las sensibilidades. El tercero será Enrique Verástegui (Lima, 1950). En los extramuros del mundo (1971) supuso un hito de la poesía de su tiempo. Hoy, ese texto mantiene su vigencia.

Teoría de los cambios (Cascahuesos/Sol Negro, 2009), el nuevo libro de Verástegui, es una inmejorable ocasión para evaluar qué tanto sobrevive del visceral periplo iniciado hace casi cuatro décadas. Porque mucha agua turbulenta corrió bajo los puentes. Aún sobresale una escritura abierta al asombro y a la contemplación de lo real, como en “Atardecer en La Molina” o “Visiones místicas en Huanchaco”, es decir, el Verástegui genuino y abundante. Son textos donde lo prosaico y la búsqueda trascendental se fusionan con resultados originales.

También son destacables algunas de las composiciones más breves, a la manera del minimalismo oriental (de gran influencia en toda la obra del poeta afincado tanto tiempo en Cañete, adonde los jóvenes acudían en peregrinación para visitarlo, cual santo pagano). Estas figuran en un segmento titulado “Avatar: Epístola a las discípulas de Krisol”. Los trabajos mejor acabados de ese conjunto suelen ser aquellos que intentan captar esas “iluminaciones” dignas de un discípulo tan aprovechado de Rimbaud. Versos simples, pero labrados con sutileza.

Las caídas se producen en los poemas que derivan de los planteamientos intelectuales del autor, vinculados con la matemática, la lógica y la filosofía. Esto no significa que tales temas no puedan ser transferidos a esas texturas. Pero la previsibilidad y cierto desgaste en la apuesta impiden el brillo acostumbrado, a diferencia de los versos donde Verástegui arroja todo sin racionalidad interpuesta.

Incluso así, los mejores pasajes del volumen valen la expectativa previa. Un solo instante de comunión orgásmica con el mundo es todo lo que se necesita.

*Extraido del diario Correo (06-09-09).

30.8.09

La FILOSOFÍA ORIENTAL en TEORÍA DE LOS CAMBIOS de Enrique Verástegui


Por Raúl Heraud

Enrique Verastegui en su último poemario titulado Teoría de los Cambios (Editorial Sol Negro / Cascahuesos Editores 2009), como él mismo dice ha “traducido” al matemático Chino Ch’in Chiu-Shao; inmerso en una especie de trance nos entrega una poesía en las que a decir verdad encontramos una gran dosis de misticismo relacionado con la filosofía oriental; no es novedad el acercamiento del poeta al budismo al yoga y al Zazen (meditación en postura tradicional de loto):

Sentado en posición de loto
El mar color verde jade se revuelve
Como una inmensa placenta

(Visiones Místicas en Huanchaco).

Los poemas son breves, apenas suspiros con el espíritu Koan de los Rinzai japoneses (diálogos entre maestro y discípulo), los aborda con sensibilidad y delicadeza, con tanta intuición y espontaneidad que nos hace recordar al poeta oriental Basho:

Yoku mireba
Nazuna hana saku
Karina


Cuando miro con cuidado
¡Veo florecer la nazuna
Junto al seto!

E.V.

Déjenme así, extraño y solitario
Por favor déjenme florecer


(Diario Z +1:2/1/2004)

No tiene sentido envejecer
Sin no haber amado flores

(8 a.m.)

En la milenaria tradición oriental la flor significa revelación espiritual, así mismo la luna es para los orientales sinónimo de belleza y de fuerza interna; Verástegui muestra la forma correcta de arroparse con un traje de más de siete siglos hablando desde su otro yo eterno:

Raíz, flor, fruto, son calidad para Krisol…

(VI)

El reflejo de la luna contenida
En el agua en el cuenco de mis manos
Refresca mi mente.

(Espejo)

Como podemos apreciar no es simplemente el hecho de interpretar las palabras dentro del contexto del poemario sino que los versos muestran una carga reflexiva, de introspección, de meditación para encontrar el estado pleno del espíritu (nirvana), como única vía para evitar los sufrimientos del cuerpo.

Verástegui nos enseña su conexión interna con la naturaleza, los poemas son escritos con la sabiduría de un monje y la frescura e inocencia de un joven aprendiz que tendido sobre alguna pradera observa con asombro como pasa la vida a su alrededor. (Lin yu tang).

En Teoría de los cambios existe la constante búsqueda de un equilibrio (yin / yang) para poder penetrar la naturaleza misma y poseerla, ser la naturaleza (zen), conocer sus secretos, sus alegrías, sus sufrimientos, es decir, toda una vida vibrando dentro de sí mismo (Suzuki).

En la simpleza de sus palabras encontramos luminosa verdad, inagotable manantial donde se refresca y renueva nuestro pensamiento; Teoría de los cambios no es sólo un libro de poemas, es un bello atardecer donde la sabiduría y la fe convergen, la razón no es suficiente para penetrar en él, de igual modo la emoción no sirve como único camino de acceso, pero sin ambas tal vez sería imposible deslizarse adecuadamente por su contenido (Tao te King).

Verástegui ha ido más allá de la poesía, en el presente libro nos ha entregado parte de su búsqueda metafísica, nos muestra el camino seguido por él para alcanzar la trascendencia espiritual: “Treinta y dos radios convergen en un solo centro (…) hacemos una vasija con un trozo de arcilla, el espacio vacío de su interior es el que le da su utilidad”. (Lao Tse).

Nunca hubo principio ni fin
El mundo de la conciencia es anterior a la materia
De lo increado brota la creación
Y lo innominado gobierna el universo

(Avatar: epístola a los discípulos de Krisol).

Enrique sabe que el destino del hombre se encuentra más allá de las palabras, habita en la belleza natural, en el gran todo, en el caótico orden de la creación; sabe que la materia es limitante, estado impuro, el cuerpo apenas un envase transitorio que cambiamos una y otra vez; Y es que simplemente estamos aquí para dejar constancia de nuestro fugaz paso por el mundo.

Escribí ese poema en la otra vida
y lo refrendo ahora. No es un Karma,
es el apretón de manos entre pasado y futuro.
Tal vez no escribí ese poema ayer,
sino en un mundo múltiple
donde pasado, presente, y futuro se confunden:
luz al final del túnel
que traspasa la montaña hacia la luz.


(Karma y Luz)

*Tomado de FIAT LUX.

23.8.09

AGARRA ESA FLOR, entrevista a ENRIQUE VERÁSTEGUI en el diario Expreso


Agarra esa flor: El poeta nacional, que acaba de publicar el poemario “Teoría de los cambios”, le pide ayuda económica al presidente Alan García.

Por Tomacini Sinche López

“Teoría de los cambios” amalgama poesía, filosofía, ciencia…

Es un libro de madurez que explica una multiplicidad de intereses que se centran en mí. Soy como un hombre del Renacimiento. Nada de lo humano me es ajeno y obviamente este interés total por el conocimiento se ve reflejado en mi poesía, la cual no es ajena a nada de lo humano.

¿Este libro se puede considerar como la continuación de su tetralogía “Ética”?

Creo que sí, no sé que dirán los críticos, pero se le puede considerar como un quinto libro de ese conjunto.

En “Teoría…” se percibe una mayor concreción en cada palabra empleada…

Mi poesía siempre ha sido concreta…

Me refiero a que usa menos versos, palabras más exactas…


Sí, me explayaba más. Es que en este libro he tenido que darle voz poética al matemático chino Ch’in Chiu-Shao, quien inventó el símbolo cero y revolucionó la poesía, por eso necesitaba encontrar un tono y una claridad diferentes. Mi intención es que las nuevas generaciones de poetas lo conozcan.

A la vez es una experiencia diferente…

Ha sido una experiencia límite, en la medida en que he empleado una técnica casi zen-budista, si se puede decir así, para crear y escribir.

¿Cómo es esa técnica?

Ponía mi mente ligeramente en blanco y luego la llenaba con los sonidos inmediatos de la realidad para poder escribir.

¿Cuánto tiempo le ha tomado terminar el libro?

Se ha ido dando desde el 2005, gracias a la magia de internet, ya que son poemas que se los enviaba diariamente por correo electrónico a la profesora argentina Alba Delia Fede, a quien por cierto está dedicado el poemario y vive en Mar del Plata. No pensaba que serían un libro.

¿Y cómo llegó a publicarse?

Fue por interés del poeta Paul Guillén, editor de Sol Negro Editores, quien le pidió a Alba Delia mis poemas. Tenía la intención de que ella los archive y se publicaran más adelante junto con los e-mails que nos escribimos, pero al final Paul me convenció y el libro ya está en librerías.

Me comentaron que estaba mal de salud, que andaba recluido y que es fiel a su verso “Déjenme así extraño y solitario”…

No tanto así. Estoy mejor de salud. He dejado el licor y el cigarro, pero ando usando unos parches para controlar esa adicción. Sólo salgo cuando vienen mis amigos.

¿Y qué piensa publicar más adelante?

Quiero aprovechar la entrevista para comentarte que he dejado hace meses un libro inédito en la mesa de partes de la Biblioteca Nacional del Perú, enviado a Hugo Neyra para ver si me lo podía publicar, pero hasta ahora no he recibido respuesta suya, ni una llamada ni una carta. Se trata de unas conferencias que di y quisiera que él las publique.

Aprovecho entonces para preguntarle por su casa en Cañete, ¿ya está reconstruida?

Ese es otro asunto. Mi casa republicana en Cañete tuvo que ser demolida luego del terremoto de hace dos años y hasta ahora el gobierno no ha hecho nada para levantarla. Soy un poeta reconocido, siempre he servido a mi país y no tengo empleo, ni casa. Tengo mi biblioteca personal resguardada por algunos familiares en Cañete, ya que no tengo casa donde ponerla. Quisiera pedirle al presidente Alan García que me apoye y reconstruya mi hogar. Son dos años…

Finalmente, ¿cómo quisiera que lo recordemos siempre?

Como un hombre apasionado por la producción intelectual.


El dato

Verástegui (Lima, 1950) estudió Economía en la UNMSM. Ha publicado los libros “En los Extramuros del Mundo” (1971), “Monte de goce” (1991), “Apología pro totalidad. Ensayo sobre Stephen Hawking” (2001) y “Teorema de Yu” (2004), entre otros.

*Tomado del diario Expreso.

3.8.09

Nuevas Teorías: El poeta horazeriano Enrique Verástegui REMUEVE UNA VEZ MÁS LOS CIMIENTOS DE LA POESÍA (Entrevista en la revista Caretas)


Por Juan Carlos Gambirazio

A sus 59 años, Enrique Verástegui ha escrito prosa, teatro, guiones para cine, música y, por supuesto, poesía. Siempre con un estilo irreverente y peleado con lo convencional, esta vez llega con Teoría de los Cambios, poemario editado por Sol Negro y Cascahuesos, en el que hace una interpretación de la obra del matemático chino Ch’in Chiu-Shao, con la que se topara en una biblioteca de Nueva York. La obra se presenta el miércoles 5 de agosto a las 5.30 p.m. en la Sala José María Arguedas de la Feria del Libro.

En una entrevista usted mencionó que al escribir siempre está en trance. Por ejemplo al escribir Ángelus Novus levitó y con Albus escuchaba voces ¿Qué pasó al escribir Teoría de los Cambios?

He tratado de cambiar de método para emplear un trance instantáneo, si se puede decir, al imaginar el poema en el instante mismo en que escribía. Esta vez el proceso ha sido parecido pero diferente. He tratado de darle una voz espiritual al matemático chino Ch'in Chiu-Shao, que descubrió el número cero y que en estos momentos está olvidado por el mundo. Traté de darle una voz poética.

¿El cero es el origen de todas las cosas?

Bueno yo lo considero como el no ser y como tal es necesariamente el origen del universo.

En un poema usted dice “Déjenme así, extraño y solitario… Oh por favor déjenme florecer”. ¿Podría traducirse en que para que un poeta crezca realmente es necesario no hacerle mucho caso?

Podría ser en las condiciones en las que vive el mundo actualmente. El poeta está obligado a escribir novelas para tener acceso a la opinión pública; pero, en realidad ese verso es una búsqueda de la soledad, de apartarse del mundo.

En otro verso usted dice “¿Cuánto tiempo tendrá que pasar todavía antes que la muerte sea finalmente vencida y mis obras glorificadas?” ¿Cree realmente que la ciencia debe vencer a la muerte?

Para eso trabaja la ciencia, en una época de utopías políticas corroídas ya la ciencia ha debido encontrar la vacuna contra el SIDA, por ejemplo, y ese es su deber.

Alguna vez usted afirmó que había logrado armonizar en su interior los contrarios de un modo tal que podía considerarse un ser perfecto. ¿Sigue pensando lo mismo?

Considerándome un ser perfecto he escrito este libro.

¿Solo a nivel de escritura?

La escritura lo es todo.

O- (*)

quisiera florecer sin recibir nada
por mis poemas, publicar grandiosas novelas
sin que me paguen derechos de autor,
escribir ensayos fundamentales
sin hacerme famoso.
Déjenme así extraño y solitario.
Oh por favor déjenme florecer.


(*) Fragmento del poema DIARIO Z + 1:2/1/2004.

*Entrevista y Fotografía tomada de la revista Caretas del 30-07-09.

2.8.09

El ángel en vuelo de la poesía: una pequeña entrevista a un FILÓSOFO CIENCIASÓFICO que escribe poesía


“Mi amor es la poesía, la escritura a través de los cuales
expreso mi amor hacia el mundo”

Enrique Verástegui

Entrevista realizada por César Pineda Quilca y Charly Martínez Toledo

El autor de “En los Extramuros del Mundo”, Enrique Verástegui, nos cuenta detalles de su último libro “Teoría de los Cambios”, el más inspirado y por qué no decirlo el más esperado. Agrega además que este poemario se lo dedica a una amiga crítica argentina y que gran parte de sus poemas los escribió acá, a través de la Internet. Así mismo nos habla de algunas cosas más.

I

Día miércoles de Fiestas Patrias. 12 y 30 del mediodía en La Molina. A una cuadra y media de Constructores con Ingenieros. Por fin llegamos a ese bendito hogar tan esperado, donde vive un vate muy reconocido en compañía de su madre, hermanas(os) y sobrinas(os). Toco el primer timbre de unos tres que están en serie. Mientras esperamos que Enrique salga a recibirnos, Charly y yo vamos a comprar un par de Maltin Powers en aquella bodega que se ubica justamente al costadito derecho de su casa. De pronto, el poeta sale raudo como si hubiese visto por ahí a una voluptuosa mujer cubierta de rosas que lo llama. Pero todo queda ahí, en fantasía nada más. Con mucho respeto y educación nuestro anfitrión nos saluda amablemente diciéndonos: “pasen, pasen, justo los estaba esperando. Siéntense en el sofá, pero no cojan nada”, con una voz que te sacude y te pone alerta sobre cualquier hecho delictivo. La razón es muy simple. Sus libros están regados debajo del círculo de su mesita de sala como valiosos objetos de oro de un museo literario en exhibición. Y vaya que lo es. Lo notamos algo cansado, quizás un poco deprimido. Nos sentamos y escuchamos por un rato al poeta decir: “Mis amigos me abandonan por sus ocupaciones”. Pero su semblante cambia cuando damos inicio a la conversación.

Enrique ¿Cómo surge “Teoría de los Cambios”?

Surge de un proceso de introspección en mí mismo que busca encontrar mi yo a través de mi lenguaje poético.

¿Cuál es el núcleo temático del libro?

Es la poesía y la naturaleza la temática. Son núcleos eminentemente poéticos.

¿Es tu poemario un libro espiritual?

Sí, eminentemente espiritual. Está presente la idea de Dios.

¿Los poetas viven en un mundo múltiple?

Deberíamos vivir en un mundo múltiple, si es que es un mundo múltiple.

¿Te consideras un poeta visionario?

Sí me considero un poeta visionario por múltiples razones.

¿La poesía es cognoscible o todo lo contrario?

La poesía es cognoscible. Lo innominado lo nombra la poesía.

¿De qué forma revoluciona la poesía en el mundo?

Transformando conciencias.

¿Cómo alcanzar la plenitud de la vida?

A través de la propia juventud y se es conciente del valor de la juventud a través de la escritura.

¿Qué sentimiento te ha generado la repentina muerte de Enrique Congrains?

La desaparición de un gran cuentista. Lo leí muy joven por el año 66. Lima, Hora Cero fue un libro bueno por eso de la temática de las barriadas.

¿Qué se siente escribir a esta edad?

Se es joven siempre. La mente no envejece nunca.

¿Cómo ves el futuro de la poesía peruana?

Siempre se ha hecho buena poesía en el Perú. Toda la literatura va en avance.

¿Qué opinas de tu generación?

Fue y es una generación excelente, porque transformó el Perú.

¿Qué representó para ti Hora Zero?

Un grupo de élite de la literatura peruana y además teóricamente, el comienzo de la especialización en el Perú.

¿Qué otros proyectos o publicaciones tienes en mente?

Publicar mis cosas inéditas.

¿Qué te parece la Internet?

Un medio de comunicación fabuloso.

Por último ¿Cómo te encuentras a pocos días de la presentación de tu libro?

Tranquilo y a la vez nervioso…

Gracias Enrique.

Gracias a ustedes muchachos por la entrevista.

II

Y nosotros nos despedimos con un abrazo y un apretón de manos, encantados de escuchar sus mágicas palabras, llevándonos el sabor de la poesía a la boca…

31.7.09

Presentación de TEORÍA DE LOS CAMBIOS de Enrique Verástegui en la XIV Feria Internacional del Libro de Lima


INVITACIÓN:


Cascahuesos Editores & Sol negro editores se complacen en invitarles a la presentación de:

TEORÍA DE LOS CAMBIOS del gran poeta peruano ENRIQUE VERÁSTEGUI

La presentación estará a cargo de los poetas:

• José Pancorvo
• Miguel Ildefonso

Día: 5 de agosto.
Hora: 5:30 p.m.
Lugar: Sala José María Arguedas de la XIV Feria Internacional del Libro de Lima en el Vértice del Museo de la Nación (cruce de las Avenidas Javier Prado y Aviación - San Borja).

Los esperamos.

12.7.09

POSTALES de José Gabriel Valdivia: Arquitectura minimalista y Fijación de la memoria


Escribe: Darwin Bedoya

0. Introducción:

La poesía, por su naturaleza de ser imagen, metáfora, silencio, música, por esa intrínseca naturaleza traslaticia que la constituye, en fin, por ser intuición del misterio, síntesis del lenguaje, connotación del sentido semántico y particular sintaxis de las ideas, es —más que una categoría— la potencialidad de hacer coherente lo irracional, y es que la poesía parte de lo más recóndito del ser humano y por esta razón medular, la poesía es relación entre el ser humano y la sucesión de los días que le ha tocado vivir, relación que puede ser aprehendida por todo aquel que se deje provocar por la sensibilidad. Quizás esto explique por qué en lo poético siempre sentimos que debe gravitar un ángel. La poesía, consustancialmente, trae consigo el hecho de ser; o sea, el sello de la existencia del ser humano, puesto que sin el ser humano todo no es más que nada, que por ser tal no se acepta a sí misma. Tal vez por ello en la vida de un hombre, el dolor es una de las experiencias más profundas en la que la voz se ahueca en sustantividad buscando la permanente evocación de la pena. «Postales» (Cascahuesos Editores, 2008, 81 pp.), de José Gabriel Valdivia[1] (Lima, 1958), nos presenta una marcada y sensible nostalgia, buscando así un consuelo sobrenatural, y en esa soledad en que se repliega se torna rendido, con la sensación del abandono y el aislamiento. Es con los temas de la muerte, la memoria y el amor que se abre y se desarrollan estas páginas, esta avanzada hacia el centro de la poesía y, como es natural, se impone la idea de la desolación, omnipresente. Ése es el tono que JGV le da a este su nuevo libro.

Uno de los poemas de William Wordsworth, refiriéndose al recuerdo, empieza así: Aunque ya nada pueda devolver la hora / del esplendor en la hierba y de gloria / en las flores no hay que afligirse porque / la belleza perdura siempre en el recuerdo. El recuerdo como imagen presente en la poesía, —primera fijación de la memoria— esa será la ruta de los textos que esta vez alcanzarán perdurabilidad en estas postales que se envían desde Arequipa. «Rondas infantiles», la primera parte de «Postales», es esencialmente el dolor por el ser amado que se ha llevado la muerte. Es lógico que con estos textos quiera traspasarse al lector ese padecimiento indecible e imposible por la muerte de un ser querido. Esta muerte precipita al autor en un proceso de desgarro y depuración, y de muerte propia. Quien ha perdido un hijo o un nieto o un hermano, sabe que uno debe morir en el proceso de duelo, si es que quiere vivir después de la desesperación. JGV desciende a los umbrales de la más intensa angustia, una especie de infierno, estancia donde se ve alumbrado por el recuerdo, como antes hicieran otros poetas y héroes con sus seres queridos (Orfeo, Dante, Novalis, Nervo). Los versos de estos textos breves se confunden con cenizas y brasas del dolor y del fuego de la eternidad, desde el dolor vivido a fondo, no escamoteado detrás de lugares comunes y fáciles consuelos. Todo ese proceso permitirá al autor de «Postales» atravesar el río de sus propias lágrimas, para poder decir ya en la otra orilla: Hoy es domingo Ningún alga en el agua asoma Ninguna ola este invierno crece Pero en todos los horizontes inocencia de garúa tu lengua ríe y como un nudo en la rama brotas de mi sangre: me sobrevives. (Carta a Trilce p. 23). Para acceder a las claves de ese silencio interminable, aquí el poeta tuvo que pasar por los gemidos del duelo, sin los cuales estos versos esperanzadores serían un abismo de la más pura retórica. Leamos por ejemplo estas líneas: Si tu horizonte en una llaga se consume o las cenizas de una sonrisa llora ese cielo de hierbas No pierdas el sentido de lo que vive y no ha muerto todavía Tampoco olvides el tiempo perdido por tus padres en amarse a solas i escondidas. (Rondas infantiles, vena mía, p. 21). Ungaretti terminaba un poema de este modo: Si se enfrenta a tu suerte una mano, / la otra, de pronto, te asegura/ que puedes aferrarte solo / a restos de recuerdos. El recuerdo como epicentro y fijación de la memoria en la poesía.

Las cuatro partes restantes que conforman el libro siguen desarrollando la misma estela de angustia y ternura que envuelven al poeta. Esta su obra presenta secuencias que sellan y varían las diferentes formas de desgarro de un hombre, y las de él como poeta. «Rondas infantiles» es el dolor y la nostalgia, «Homínicas» marca el peso y la visión de la condición humana, la violencia, la visión de un sentimiento del tiempo que refleja la aflicción y la madurez. «Ecológicas» es la contemplación y preocupación de la naturaleza. «Madrigales» es la visión del poeta y la fijación de una columna de sentimientos, los recuerdos inmarcesibles que son poblados por los días idos. Finalmente «Coplas», es una revisión del drama del mundo. Las cinco partes constituyen un itinerario coherente y compacto que tienden a configurar la expresión de la subjetividad del poeta, y que el lector puede compartir por la desnudez del lenguaje que trasmite sus experiencias de humano, de exilado en su interior, de ciudadano, de padre, de hombre. Todo el libro es, finalmente, la fijación de la memoria erigida desde el instante mismo y la extensión de brevedad del poema, en una firme concisión y laconicidad de lo que son realmente las postales.

1. Arquitectura minimalista:

«Menos es más» fue la frase pronunciada por el arquitecto alemán Mies van der Rohe, pionero de la arquitectura moderna junto con Walter Gropius y Le Corbusier, quien así definía la base de su programa arquitectónico racionalista, depurado y despojado de excesivos elementos símbólicos y decorativos. Buscaban así la brevedad como núcleo de su propuesta estética. En la misma línea, Italo Calvino en su serie de conferencias tituladas «Seis propuestas para el próximo milenio», en uno de sus parágrafos dice: «Sueño con inmensas cosmogonías, sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de un epigrama.» Desde esta óptica, por cierto bastante compartida en las interpretaciones de la modernidad atemperada, vemos estos versos que se vinculan inclusive con lo que Ezra Pound dijera en sus postulados sobre el imaginismo, pues desde ese día logró metodificar lo que son hoy, sin duda, las bases de la poesía contemporánea[2] Pound llevó adelante estos postulados utilizando una persona o máscara que le permitió establecer una distancia entre el objeto y la subjetividad, la que de todos modos estará siempre presente en el poema. Este elemento formal es de un valor inestimable en los versos que se puedan elaborar a partir de una primera persona: Recostado en tu vientre escucho el girar del universo como un sollozo de niebla en el patio Y cuando oigo el murmullo primitivo de tu leche por las rutas del Sol y la sangre Me alegro hasta los cabellos Y tengo ganas de ser bueno hasta los zapatos pero me crece el corazón como una nebulosa en el pecho. (Rondas infantiles, Mamapacha p. 31). Literatura instantánea. Pensamiento profundo en tres o cuatro versos. Línea perspicaz, cinco o diez palabras. Desarrollo de temas, un verbo, un nombre, pocos adjetivos y punch-line. Esta es la razón de la arquitectura minimalista. Las piezas en su lugar para armar un todo que se basa en la forma breve. Sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de una agudeza poética. He aquí el mejor ejemplo en que «flujo constante», «placer del ritmo», «lo efímero en la eternidad», «intercambio aclimatador» y «dilución de culturemas» tanto como de la «exigencia de autenticidad» y, sobre todo, «detención del tiempo vertiginoso», se cristalizan en un producto de auténticas características que apuntan al «neokitsch y la posvanguardia», tanto en forma como en contenido; este es el poema que se ha construido bajo los designios de una arquitectura minimalista.

Esta es también una de las peculiaridades de la poesía de JGV que parte desde su primer libro «Grafía» (1984) y continúa con «Versolínea» (1985), todo ello es sin duda el reflejo del arte de la brevedad, ese minimalismo que configura sus poemas hasta este su reciente poemario. En estas postales hay una arquitectura que se erige bajo el presupuesto de un lenguaje prosaico, el cual va ordenando las imágenes hasta convertirse finalmente en una ¿postal/poema? Esta brevedad nos recuerda la simetría y relampagueo que viene desde la rupestricidad de «Lascaux», allí se redujo toda la historia a un búfalo sobre la pared de una cueva, o como en Picasso la Paz no fue más que una Paloma de un único trazo. Por otro lado, alguna milenaria y oscura pasión lleva todavía a los japoneses a lograr dibujos de un sólo trazo. El minimalismo (haikus, epigramas, aforismos, micropoesia, microcuentos) tiene la edad de la humanidad. Este es el espacio de lo «bastante en casi un abrir y cerrar de ojos», pero tan imperecedero como los trabajos de los haikus de Issa Kobayashi, Matsuo Bashoo, Soguetsu Ni, Jack Kerouac, Borges; los Aforimos de Nietzsche, los «Artefactos» de Parra, los «Desconciertos» de Julio Cesar López, el «Archivo de cuentas» de Jan Martínez, versos de los «Ecos escondidos» de Renán Liseens, los poemas de «Epigramas» de Antonny Seupault, las «Greguerías» de Ramón Gómez de la Serna, la poesía del «Rincón de haikus» del físicamente extinto Mario Benedetti, los «Habitantes de las islas encantadas» de Herman Melville o las «43 historias de amor» de Wolf Wondratscheck, el ineludible caso de «La oveja negra y demás fábulas» de Augusto Monterroso, inclusive la prosa poética del «Confabulario personal» de Juan José Arreola, casi como si fuesen una epístola, un respiro/side-story/entremés/filler/. Brevedad, elipsis, al fin y al cabo.

Wittgenstein decía en uno de sus aforismos que: «En el arte es difícil decir algo que sea tan bueno como no decir nada.» En todo caso «Arte» y «Difícil» son palabras claves para entender lo que aquí quería decir Wittgenstein. La poética minimalista de JGV se encuentra, como ya mencioné, implícita en la tendencia de lo concreto y breve, sin duda este reciente texto suyo es el rigor de la brevedad. Hay una serie de bifurcaciones en el desarrollo de toda poética, ya que la obra de un escritor, especialmente si se trata de un escritor posmoderno, tiende a ser contradictoria, no responde siempre a un principio regente, sino que se mueve entre varios géneros[3] entre varios fragmentos, entre varios principios. ¿Qué hacer entonces ante esta nebulosa? La poética no intenta someter al texto a una serie de valores únicos e inamovibles. Por el contrario, la poética tiene la obligación de contemplar la variabilidad, el movimiento perpetuo, y tratar de formular principios que se adapten a esa volubilidad, a ese movimiento. ¿Hay una estética del fragmento en la poesía de JGV? En mi lectura/interpretación, los textos/mail de «Postales» en realidad apuntan hacia una poética del instante, una captura de la imagen como una fotografía, que en el fondo es de un significado tumultuoso que se va estructurando en verso y verso prosaico, lo cual basta y sobra para decir lo que uno tenía que decir. Pero en esta combinación también se pude decir que son microhistorias, epístolas, misivas; es decir una combinación de géneros que tiene un único objetivo: capturar en un instante la eternidad. El poema/postal como el espacio más reducido en el que se puede significar algo, con el que podemos crear, comunicar, decir. El poema/postal como la reducción mayor de una expresión significativa. La mínima expresión de un significado complejo. La expresión máxima de un minimalismo[4] serio e intenso. ¿Una estética del fragmento puede ser equivalente a una estética del minimalismo? Una cosa es trabajar con ciertos presupuestos como podrían ser los del minimalismo, como podrían ser los del fragmento en sí. El minimalismo puede que contenga el fragmento. Lo que no creo es que una obra, o una pieza fragmentaria, tengan que ser minimalistas necesariamente. Cuatro son, en resumen, los criterios que nos permitirán conocer las múltiples manifestaciones del minimalismo y en la poesía de este orden: a) Brevedad, (Casi emparentada con el espíritu del haiku japonés: Por más agua que la roce / bien sabe la rosa / que en florero no crece. Égloga, 1 p. 53); b) Autosuficiencia semántica, (entre dos orillas bala el río/entre cuatro muros corre el hombre. Ecológicas, 2, p. 49); c) Fijación-reproducción (La lluvia es un rezo / el bosque tu risa / un sollozo el desierto. Ecológicas, 3, p. 49); d) Función de tendencias metafórica-lúdica (Ah la ceguera terca i ufana que colorea ídolos clones dígitos polímeros o teorías de la ausencia el milagro o la vigilia. Episteme, p. 79). Esta es la velocidad elíptica de la poesía de JGV.

2. Fijación de la memoria:

La metafísica del arte, que declaró el mismo Nietzsche o la idea que encierran las palabras de Hegel, con las que clausura el texto «Problemas de la lírica» cuando señala que: «La vida del espíritu no es la vida que se espanta de la muerte y que se mantiene pura ante la desolación, sino la que soporta la muerte y se conserva en ella.» En «Postales» el sujeto poético contempla desde la desolación las formas de la muerte y las hace poesía: los pájaros pían sobre las tumbas sin nombre y gotas de lluvia destapan los ojos desenterrados de los inocentes, (Homínicas, 6, p. 43), la muerte se descubre en un andar poético de palabras vivas y efímeras. El poema/postal permite la espontaneidad y la emotividad. Estos versos son una presencia discreta pero ineludible. Las palabras que erigen esta poesía son vocablos tomados de un diccionario de la nostalgia que el autor de «Postales» ha inventado. Aminoran la pesadez de los intensos trayectos en las ciudades de nuestro siglo. El yo poético parte hacia un éxtasis donde se descabella y empiezan las palabras. Gottfried Benn escribió: «Probablemente el Yo lírico ha surgido de dos formas, la explosión y el recogimiento; una es brutal y una es tranquila y ambas conocen el método de la ebriedad: se cae en lo insondable, exangüe, y después sobrevienen los ímpetus con las pruebas de la visión». La poesía que parte del recogimiento es el grito modulado del hombre en su largo camino hacia el silencio. Es la manifestación de su impotencia para mantenerse en el silencio primordial de las cosas. El secreto de la poesía es que no tiene secreto, que está todo ahí, frente a nosotros, que lo que nos muestra como restitución final es lo que perdimos al inicio de nuestro viaje, lo que ya teníamos. No aprendemos, recordamos: La mano se deshace en otra mano igual o parecida y el universo enciende su cárdena pupila La mano que se arranca o se extiende como la hierba crecida en lo más contaminado de la Tierra. (2, Reencuentro. p. 63) Un recuerdo que no es solo el del idealismo platónico, sino el de las experiencias primeras que constituyen los fundamentos que arrinconamos en nuestras trayectorias vitales. Ese hondón del alma, esa unidad ancestral, esa riqueza espiritual de la palabra es lo que Benn, por diferentes caminos —incluido el examen de las drogas alucinógenas— trata de demostrar en sus ensayos. Benn entendió que el poeta moderno debe ser enciclopédico y que todo saber —incluso alguna banalidad— conduce a la búsqueda del poema, que es heredero y emisario de una espiritualidad —sin Dios— absoluta y total, como lo demuestra aquí JGV.

En un pasaje paratextual, el autor escribe: Pájaros revolotean sobre las tumbas / como ángeles o ramos de lluvia / para refrescar sus huesos. (Rondas infantiles, p. 27.) El «desde ahora y para siempre» de la muerte, empozado en vida, encuentra su antesala más palpable en la melancolía. Lo imposible de reponerse o restaurarse, digamos lo irremediable, se exhibe en aquélla como en un simulacro. Muerte en vida, le llaman algunos. Yo prefiero acuñarla como trampa salvadora. Porque nos induce al curso inverso de acción: incómodos ante la terminalidad de lo concluso, nos obliga a vivir bajo la premura de lo transitorio. O para ser más precisos: es la estela de la muerte la que en la melancolía se transforma en fuerza para no retenernos en nada. Así hablamos entonces del más posesivo de los desposeimientos. Urgido por su provisionalidad insoslayable, el hombre es el mejor heredero del hombre, con la melancolía como fundamento dinámico de su quehacer: Cuando pienso entristezco Como si pensara en la patria o en los muertos Como si entristeciera tu piel o la esperanza Muchacha Lejana. (Homínicas, 0, p. 39) En cada época histórica, nos han enseñado, se «exige nuevas formas de entender la melancolía»: ya sea como «tangibilidad de lo precario» según Burton o, también, más próxima a nosotros, como condición de posibilidad de lo humano de acuerdo a Ricoeur, al no ser acometible la existencia sino por «comunión con cierta esfera de lo desamparante». Lejos, pues, de ser pasto de miserias, la melancolía, como muchos han reconocido, brinda al hombre su estocada liberadora. Kierkegaard estaba en lo cierto al afirmar que la filosofía era heredera de la desesperación, no de la perplejidad. Y Hölderlin, cuando encaró su propia orfandad con aquellos hermosos versos que rezan «donde crece el peligro crece lo que salva», adivinó que lo frágil puede ser el salvoconducto fortalecedor de la persona, el germen al que precisa acudir para tomar posesión de sí. He ahí la misteriosa cara y cruz de la melancolía: un voto de confianza en un porvenir a culminar, promesa de una eternidad donde nada nos privará de ser aquello que fuimos: Si mi cuerpo no tuviera ternura ni consuelo Te tendría a ti Y si pierdo el tiempo el mundo o el sueño En el corazón de un no nacido Sé que no te perdería Pero al sentir que no te tengo y saber que te pierdo Me confortan estas ganas de tenerte o perderte en unas líneas electrónicas para siempre. (Mail d’amourt p. 69). El interés de JGV por lo breve tiene también su origen en la búsqueda vanguardista por la concretización y primacía de la imagen, por la fijación del instante lírico en un trazo verbal relampagueante. Empero, esta fijación se construye desde un suceso que marca al poeta y desde ese momento eterno nace la poesía, el verso como un cielo azul. Entonces comienza un andar en los vocablos, un recorrido que después también exigirá un presentido retorno al encuentro de su origen.

Ese camino de improbable regreso, del signo a la cosa significada, la fijación de la memoria se ha convertido paradójicamente, en una exploración de los límites de la palabra y su consiguiente problema: su referencia. En unidad contradictoria que no busca solución, la mirada de JGV se sostiene inmutable como un nudo, como el abrazo de Orfeo, el abrazo del silencio y el vacío. La relación con la realidad se desplaza de la representación referencial del realismo, a una suerte de imposición directa, donde el espacio se vuelve tiempo, queriendo vencer esa última alienación del hombre. En «Madrigales» dirá: He intentado retenerte en mis manos que escuchan las flores caer En tus senos que miran la lluvia caer En sus labios que prensan las palabras caer Y nunca las flores la lluvia las palabras se han contenido en el aire Se han confundido en el cielo. (Caída libre, p. 67). La sublime idea del ars longa, vita brevis recobra su valor existencial en el discurso de la totalidad intangible. La narración, la descripción y la fabulación se dan cita, aquí y ahora, desplegando la emoción de una belleza incólume y abren campos de pensamiento que no parecen tener horizonte inmediato, sino por la energía del deseo y por la búsqueda de una palabra lanzada a un receptor o dios que ha abandonado el mundo. Uno de los aspectos sobresalientes del arte contemporáneo, como mencioné líneas arriba, es la hibridación de los géneros que se sostiene en un proceso de continua experimentación y que lleva a redefinir las prácticas artísticas como prácticas contaminadas y contaminantes. La hibridación supone que ningún lenguaje o disciplina se encuentra ya en estado puro, sino sometida a una serie de cruces y desplazamientos de fronteras que provoca un desmontaje de todas las categorías tradicionales y la aparición de nuevas formas de producción. Los procesos creativos se nutren de una multiplicidad de recursos y lenguajes en una dinámica de contaminación permanente: Las crines erizadas como toques de queda / los pelambres oxidados en cercos eléctricos / los plumajes encanecidos en aleteos insomnes / las pupilas descoloridas de mis nobles animales. (Zoológico park, p. 55). Verso, prosa, descripción, carta, msn, parábola, fábula, poema, postal, narración versada. Lirismo humano, cercano a los fragmentos líricos de «Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. Fusión. «Contaminar» es quebrar los límites disciplinares para dar origen a formas artísticas inéditas e inclasificables; y cada uno de estos productos es al mismo tiempo contaminante, es decir, capaz de encerrar en sí mismo un germen de contaminación transmisible. Lejos de una simple postal. Esta fusión es un acto de contemplación urgido por la secuencia, por el efecto dominó y vertiginoso que mueve al mundo, es un espacio enfrentado a la velocidad: el imposible cronotopo de nuestra época. Velocidad elíptica y haz de luz.

3. Coda:

El lector sentirá esta poesía como un testimonio: el de un hombre y el de un poeta, como lo que siempre disntinguió a la poesía desde sus orígenes. Criterios estéticos, ficción, ciencia, poesía. Solamente poesía con el espíritu de siempre[5] JGV es un poeta interesado especialmente en la exploración del lenguaje poético como defensa de la libertad creadora y como resistencia ante la realidad. En su poesía podemos rastrear desde el influjo de la poesía vanguardista, hasta los maestros Pound, Eliot, Kavafis, Ungaretti, Pessoa, pasando por Vallejo, Neruda, Westphalen, Moro, etc. JGV obtiene en este libro, la tierra de la palabra precisa y el poema breve. Sin embargo en la serie repetible de palabras, sobresale un diafragma entre la historia del verso y la historia de la palabra para plegarse en el mismo grito, para sublimarse en la misma epifanía de memoria, de nombres, de la eternidad del instante en una estructura minimalista que es en realidad el espíritu del texto. Aventuro aquí una posible lectura de estos versos: el poeta habla consigo mismo. Frente a la noche vasta que lo rodea, a cuyo misterio se abren con atento fervor estos breves poemas como ventanas al cosmos, la noche interior de las vivencias y los recuerdos como una cárcel, un ámbito que lo limita y lo ilumina en esa noche estrellada que es siempre una invitación a salir de nosotros mismos y entablar un diálogo con lo desconocido: Un haz de luz plagia el universo sonroja las cortezas del planeta cubre tu rostro de cables y te arropa de pesadillas bajo tierra. (Laseración p. 75) El estilo sigue buscando nuevas posibilidades y medidas que adoptan la sutileza de las imágenes ya experimentadas por el poeta y heredados de la tradición poética peruana, y con la mirada atenta del poeta sobre sí mismo y sobre los hombres con melancólica e irónica sabiduría. En la lengua, en la sintaxis, en la elección de las soluciones rítmicas y en la formulación de los instantes esta actitud de meditación de la memoria se traduce en un canto terso y sostenido donde, ya dueño de la palabra, se permite las divagaciones más atrevidas, y las invenciones más gráciles y notorias. Su canto aquilatado por la experiencia se hace extenso, liberando a la palabra del peso contingente y reconduciéndola a una inocencia primordialmente mítica e iluminadora. JGV también ha publicado los poemarios: «Grafía» (1984), «Versolínea» (1985), «Al filo de la gravedad» (1986), «Flor de cactus y otras espinas» (1987) y «Funesta Trova» (2003). Pasar por alto este nuevo libro sería un tremendo error.


[1]
José Gabriel Valdivia, junto con Leandro Medina, Oswaldo Chanove, Alonso Ruiz Rosas, Rolando Luque, Odi Gonzáles, entre otros, entonaron un nuevo canto en la poesía arequipeña de los años 80’. Sin duda, estamos hablando de una de las más prolíficas décadas de la poesía contemporánea del sur del Perú, pues fueron ellos quienes aportaron un conjunto de textos considerables para la literatura peruana. Dentro de este grupo, Valdivia tal vez sea uno de los que más ha destacado, no sólo por demostrar su destreza en el uso del lenguaje, sino también por el esfuerzo que supone darle continuidad a la labor del ejercicio poético.

[2]
Los postulados del Imaginismo reposaban esencialmente en la técnica, en la forma, un tanto más que en la elección y trabajo con los temas. El imaginista está a la búsqueda continua de la palabra exacta, amén de la claridad y la concentración en la expresión. Hay una consonancia con los conceptos usados por Pound en su estudio fanopoeia (imagen), melopoeia (experiencia-lenguaje) y logopoeia (intelecto-idea). Sin embargo todo este espíritu descansaba por el rigor de la brevedad en el poema, un minimalismo rotundo diríamos ahora.

[3]
La teoría moderna de los géneros, según Wellek y Warren, no dicta reglas a los autores, pues supone que los géneros pueden mezclarse para producir uno completamente nuevo. En suma, una obra literaria no es nunca pura, siempre está influida por otras y lo mismo vale para un género, pudiendo formarse él a partir de las influencias de uno en otro. Los géneros literarios no se cierran en un número inmutable y fijo: hay tantos como perspectivas de formulación para el fenómeno literario en combinación con la conciencia del escritor, la percepción del lector y los condicionamientos de un momento histórico y cultural determinado.

[4]
El minimalismo como arte es una simplificación de las formas y una reducción del tamaño, en aras de una profundidad mayor, de una crítica implícita de la forma a través de prescindir precisamente de la parafernalia y la anécdota. Se torna así en una búsqueda intensa de la forma, que en su apariencia reducida o minimizada, resume la esencia de la proposición formal de la obra de arte.

[5]
Como la vez que le preguntaron a Borges: ¿Qué es un objeto poético? Él, atendiendo a esta pregunta contestó: un objeto poético es todo aquello en lo que encuentra lo que espera encontrar en la poesía. Así, la emoción estética que produce una ecuación y su desarrollo no necesita más explicaciones para considerarse poesía. Tanto son hitos de la poética universal las obras completas de José Ángel Valente o César Vallejo, junto con ellos toda la poética vanguardista, como la «Teoría de la Relatividad» de Einstein, el «Tractatus Logico Philosophicus» de Wittgenstein, o el «Cántico Espiritual» de San Juan de la Cruz. Sin duda, muchos pensamos que algún día se leerá a Einstein o a Wittgenstein de la misma manera que hoy leemos a Homero, Dante, Lucrecio, Catulo, Marcial o como a San Juan de la Cruz: pura poesía.


BIBLIOGRAFÍA:

BENN, G.: El yo moderno y otros ensayos, España, Editorial Pretextos, 1999.
CÁCERES C., T.: Antología de la poesía arequipeña, 1950-2000, Arequipa, Editorial UNSA, 2007.
CALVINO, I.: Seis propuestas para el próximo milenio. España, Editorial Siruela, 2007.
CORNEJO P., J.: La poesía en Arequipa en el siglo veinte, Arequipa, ediciones de la pacpaquería, 1990.
NÚÑEZ R., R.: La poesía, Madrid, Editorial Síntesis, 1992.
SONTAG, S.: Contra la interpretación, España, Editorial Seix Barral, 1966.

29.6.09

SPARAGMOS de Maurizio Medo por Ricardo González Vigil


CUERPO DESPEDAZADO

Por: Ricardo González Vigil

“Limbo para Sofía” (2002) nos mostró a un Maurizio Medo (Lima, 1965) en plena madurez artística. Delataba un vuelo creador ambicioso, tanto en la compleja reelaboración del lenguaje y los recursos retóricos de la tradición poética, como en la solvencia con que articulaba un libro orgánico.

Luego nos entregó una serie de breves poemarios haciendo más nítida su audacia creadora. Su aventura verbal ha despertado el entusiasmo de reconocidos poetas hispanoamericanos, entre ellos Eduardo Milán, quien lo ha incluido en su importante, a la par que provocadora, antología “Pulir huesos / Veintitrés poetas latinoamericanos 1950-1965” (editada por el prestigioso sello Galaxia Gutenberg); y ha opinado sobre “Manicomio” lo siguiente: “Una impresión de irrealidad campea a ventana cerrada y a focos encendidos —el lenguaje es violento, más que expresivo, expresionista, en continuo estado de grito, de fricativas chirriantes— [...] es la penúltima, no la última poesía peruana. No conozco un caso de la última poesía peruana cuyo lenguaje registre esta fuerza”.

Valga la aclaración: en la última poesía peruana tenemos la fuerza explosiva, expresionista, de César Gutiérrez, ya actuante en “La caída del equilibrista” (1997) e intergenéricamente incontenible en el poema-novela “Bombardero” (2008). Menos dinamitero, pero intensamente innovador, resulta también el lenguaje poético de José Carlos Yrigoyen. De hecho, la poesía peruana de los últimos veinte años ha presenciado el logro de monumentos mayúsculos a cargo de voces de diversas generaciones: Carlos Germán Belli y los mil versos de “¡Salve, Spes!”, Walter Curnosisy y el conjunto poliédrico “Rehenes del tiempo”, Verástegui y su “Ética”, y, en la misma hornada que Medo, Mariela Dreyfus y “Pez”.

Medo ha trans-escrito los textos editados después de “Limbo para Sofía” y agregando otras secciones ha articulado las 362 páginas de “Sparagmos”. En el trasfondo, reelabora el sacrificio de Jesucristo, “devorado” en el rito eucarístico, aunque la versión de Medo no es salvífica ni celestial, sino infernal. En otro plano, remite al mito griego de Orfeo (arquetipo del poeta) despedazado por las bacantes. Además, la inmolación del autor y de la palabra dialoga con las exploraciones de Huidobro en “Altazor” y de Eielson en “Poesía escrita”.

ARGUMENTO

Libro de poemas de sólida arquitectura, compuesto por “capítulos” o “actos”, en el sentido teatral. En su primera parte, aborda el cuerpo; en la segunda, el lenguaje se impregna de trance extático y desencadena el desmembramiento del cuerpo; y en la tercera asistimos a “El cuerpo muerto del autor”: el cuerpo del autor es devorado, lo que se ve simbolizado por la reescritura que hacen de sus textos los poetas Zurita, Santiváñez, Mazzotti, Hernández Montecinos, etc.

*Tomado del diario El Comercio

25.6.09

ELEPHANT GUN de Kreit Vargas


Como suele suceder en nuestra casa editorial, los libros se nos vienen uno tras otro. En este caso el interés y la expectativa puesta en el nuevo libro que Cascahuesos Editores lanza en coedición con el entrañable y amigo Grupo Editorial Dragostea, es grande, puesto que asegura en el catálogo de ambas editoriales a una de la voces jóvenes de más lucidez poética en Arequipa. Aquí los dejamos con la portada diseñada por la artista Gabriela Machicao

12.4.09

Cantares de Orfeo: EPICIDAD e INTERTEXTUALIDAD en «Sparagmos» de Maurizio Medo


Por Darwin Bedoya

Una reflexión de John Dewey sobre la seriedad y validez de la obra de arte dice: «Cuando la estructura del objeto es tal que su fuerza interactúa felizmente (pero no con demasiada facilidad) con las energías que surgen de la experiencia misma; cuando sus afinidades y antagonismos mutuos colaboran para producir una sustancia que se desarrolla acumulativa y certeramente (pero no con demasiada regularidad) hacia la plenitud de los impulsos y las tensiones, entonces, sin lugar a dudas, estamos ante una obra de arte». Lo mismo podemos decir estando frente a la obra última de Medo. Después de Manicomio (2005), la poesía de Maurizio Medo (Lima, 1965), ha venido a ocupar un lugar espacioso en la región hispanoamericana. La aparición de Sparagmos, (Cascahuesos Editores y ASALTOALCIELO/editores, 2008) confirma nuevamente la importancia de este poeta. Sparagmos viene a ser la plenitud de los impulsos y las tensiones escriturarias, pero, sobre todo, la babelicidad del lenguaje como el gran héroe en esta larga avenida de las trashumancias y las letanías que Dios y nosotros mismos, en una ignominiosa complicidad, nos hemos honrado en regalarnos.

Ahora bien, siguiendo a Dewey, las afinidades a que hace referencia, vendrían a ser, en Sparagmos, los referentes intertextuales, que, parte de la idea, el mismo título alude: Sparagmos es lo que las Ménades de Tracia le hicieron a Orfeo: lo despedazaron, hicieron una traslación múltiple de su cuerpo (Otros como Dionisio, también corrieron la misma suerte). En el caso de Orfeo, su cabeza, arrojada al río Hebro, fue a dar a Lesbos, muchos dicen que llegó hasta allí entonando unos cánticos extremadamente fabulosos, tan profundos eran que hasta las piedras y las flores marchitas cambiaban al oírlo. Esta idea de traslación que parte desde la epicidad griega hasta nuestros días, tiene ese matiz, según Lawrence Norfolk, de corrección con esa especie de mantra que cubre a la literatura en general. En el desmembramiento o “sparagmos” de Norfolk se subastan los derechos territoriales y lingüísticos, ocurre la desterritorialización de la palabra, y eso no es otra cosa que lo que se ha venido a llamar intertextualidad según Kristeva y, en esa misma línea, aunque con otros registros denominacionales están Deleuze, Genette, Hutingartes, Garaeen y, hace poco menos de un año, las descabelladas ideas-estudios intertextuales de Lluha Fairlight en la obra de Bolaño y Pere Gimferrer. Así como en la obra de Vallejo y la de Gamoneda.

En «Verdad y método» su autor, Gadamer, utiliza el concepto de «formatio» para acuñar la idea de que el ser humano se apropia de aquello en lo cual, y a través de lo cual, se forma. La «formatio» tiene que ver con la tradición cultural, vista no como un ente monolítico, sino como una constante reinterpretación y reactulización del lenguaje configurado a través de los más diversos textos. Es el eterno devenir del espíritu; la articulación de la visión del mundo que teje el ser humano al incorporar a su «saco cultural» los símbolos, la historia, los mitos, los referentes artísticos y otros elementos que anidarán en su inconsciente. Hay un poema de Medo titulado «Síndrome Rimbaud» que concluye así: «ahora quiero escribir pero… / Me sale espuma, me sale espuma / por todos los orificios deste cuerpo. (p. 323)» Y el humanamente Vallejo sale a decirnos aquí estoy, aún vivo; ésta es la poesía.

Y es que una característica esencial de la «formatio» consiste en mantenerse abierto hacia el otro, hacia puntos de vista diferentes y más generales. Al tener la capacidad de reflejar el alma propia en la de los demás, la conciencia es capaz de operar en todas direcciones, integrándose así al devenir universal, en un sentido general y comunitario. En el poema «Centón del comedero», Medo cita un verso íntegro de Antonin Artaud: «No quiero seguir viviendo contigo bajo el miedo (p. 273)». Otro ejercicio intertextual es «Naturaleza muerta» que alude al poema «Naturaleza muerta de Franz Kafka» de José Kozer. O la alusión a Oquendo de Amat cuando éste decía «se alquila esta mañana» y Medo dice en el poema Rutina: «se alquila razón», o cuando hace referencia a Manrique en el poema Gilda y escribe: «morir no es dormir / es despertar».

Para Julia Kristeva, la intertextualidad es algo que hacen autor y lector como una práctica, es la pragmática de la lectura. Guía la traducción como lectura de textos. Y es por que en todo texto, la información auténticamente nueva es relativamente poca muy poca, lo que fundamentalmente hay son llamadas o referencias a otros textos (títulos, epígrafes, parafraseos, pies de página y otros nexos que generan híbridos de hipérbole semántica como: parodias, pastiches y el kitsch). La lectura es un reciclaje de otros textos. Incluso los textos clásicos pueden entenderse así. Kristeva desarrolla el concepto de intertextualidad a partir del dialogismo de Mijail Bajtin. Éste pretendía explicar que todo texto literario es, en el fondo, un cruce de otros textos (no existe un texto literario puro). Desde el momento en que un texto cita el habla popular, otros géneros… ya conocidos por el lector se establecen relaciones dialógicas. Por ello podemos afirmar que los únicos «textos puros» serían los libros sagrados. El mismo Bajtin habla de corrientes subterráneas que conectan diferentes textos. Éstas son cuestiones culturales que aparecen en diferentes formas de manifestación con otros nombres. Así, Sparagmos parte con tres epígrafes, uno de ellos es de Barthes, quien se refiere a la desaparición del autor y a la existencia del sujeto discursivo. Y para Medo la línea fractal, en términos de Deleuze, es la misma conexión que Kristeva llama intertextualidad, esto supone entonces la detección de que unos, —en realidad muchos textos— están conectados con otros textos. Cualquier cita, cualquier aspecto que nos suena de una novela o de una película y lo reconocemos en otra esto implica intertextualidad. Gerard Genette desarrolla más a fondo el concepto de la intertextualidad. Para Genette, lo que Kristeva llama intertextualidad debería llamarse como transtextualidad: relaciones entre textos o cruce entre ellos, pero con un basamento en la nueva escritura del autor.

En Sparagmos, como en Manicomio, lo que acontece es la escritura, la exasperación del vocabulario, el estatuto del discurso verbal que va generando una conciencia imaginista, de este modo, ciertas tendencias, como la extrema poeticidad y «experimentalaidad», la idea de disolución y a la vez la idea de congregación, lo raro y lo confuso, el fragmento, el engaño, la sofisticación, lo vago, lo fugaz, la invención de palabras, el enardecimiento de un erotismo tierno y brutal al mismo tiempo, el gusto por la estilización, la ruptura con el tiempo alienante, un discurso surrealista a la pura seña de Patti Smith; todo esto se puede resumir en una poesía que no se porta bien y que, en consecuencia, podría remitirnos a un cierto neobarroso después de Perlongher. El sentido discursivo de la obra de Medo tiene un punto de partida que es requisito indispensable para la escritura y el mundo poético: el estado de ánimo del poeta. Melancolía y locura en un vaso para beberlo a grandes tragos.

Hipócrates (460-375) fue el primer médico que consideró a la melancolía como síndrome clínico. La voz del sujeto poético de «Sparagmos» padece una profunda melancolía que a veces se semeja a la de Rimbaud, porque una melancolía de esa magnitud siempre deriva en locura y Rimbaud sentía una extrema predilección por esta forma o estado de demencia casi como Van Gogh o como el cuervo pintado en los versos de Poe, o el albatros de Baudelaire que se encargaba de despeinar la calma y la esperanza: «Qué plena la soledad cuando es anónima. / Qué inerte ésta, mi soledad, alberga un nombre (p. 102)».

Pero también, Sparagmos es un intento de asir la vida a través de la meditación de la muerte, porque sólo en nuestros límites hallamos nuestra libertad; y así, el espíritu del poeta medita a rabiar. El ser esencial del poeta busca hacer trascendente y transitiva la preocupación y la aceptación de nuestra realidad que no es otra cosa que nosotros mismos. En pocos poetas se halla tan excelente adecuación del discurso meditativo a veces y, otras veces, basada en una escritura casi desenfrenada, casi surrealista. Cielo e infierno juntos. ¿Paraíso acaso? Adecuación entre concepto poético y realización literaria. La poesía de Medo es la poesía de la verdadera acción en los límites de los límites. Sus versos presentan una intrepidez intelectual porque son el testimonio de que el poeta se encuentra en la arista de todos los riesgos, y es que en las más de las veces sitúa al lector en una disyuntiva que oscila entre la frivolidad, la preocupación, la confusión, la traslación, el homenaje y, la babelicidad del lenguaje como un remedio a la paz del poema común.

Rilke escribió: «y no tener patria en el tiempo»; las pulsaciones de la poesía de Medo son de una inminente seguridad en su estilo, en su discurso, su fenomenología poética está siempre alterada por el constante pulso del duro ejercicio interior. Esta poética alcanza una serenidad sólo posible con la plena aceptación de la vida en el corazón de la muerte. Hay una lucha intensa que va desgarrando los lugares de meditación. Hay derrumbes, rebeliones y lamentos. Erizar la piel y ablandar o endurecer el corazón, parecen ser los objetivos de este discurso. Al final diremos que son poemas como botellas cargadas de vino griego para brindar en Italia o en Croacia, pero con la plena convicción de embriagarse y luego danzar con Baco, Orfeo, Virgilio, Dante, Jasón, Ícaro, Lu, Gilda, Alicia, Sofía, Carrol, el falso Ginsberg, Rimbaud, Verlaine, Vallejo, Desnos, el mandril, Méndez, Francesca, Pound, Valdelomar, Medo, Shakira, Illia Kuryaky, Mozart y los demás.

Hay veces que en «Sparagmos» sucede una comarca sin vientos ni granizadas, pero es sólo una calma breve, una afirmación de la vida en la muerte y de la muerte en la vida, o como decía George Bataille en «El erotismo». Habitamos un tiempo donde todo está sujeto a su perecedera condición, donde ya ni siquiera los valores tienen tiempo para incorporarse y arraigar en la sociedad, todo parece que fuera solamente una interminable duda. Pero ¿debe la creación literaria y, poética en este caso, portarse bien? ¿No será más bien que su agresividad debe ser la vida o el punto de partida de su autenticidad que parte desde una épica insólita? Cada día, la poesía de Medo se torna un tanto más radical en esto: si la lengua literaria no se despliega a partir de un sustantivo anacrónico (si no nace ajena a los avatares del tiempo), sólo servirá, con mayor o menor fortuna estética, a los dictados de una moda, o —lo que es lo mismo— a las imposiciones de los cánones y entonces se tornaría en continuidad sin cambio, al margen de la intertextualidad que es más interna, más cercana y a la vez necesaria.

Si este riesgo no se le exige a la escritura poética más actual, ya no se podrá decir que son pocos los que son capaces de atreverse a dar el salto permanente en el vacío, ese salto que toda verdadera poesía debe dar. El mismo Perlongher decía de su neobarroso: que era «una desterritorialización devastadora que tomó la vida de una artificialización extrema del lenguaje». Este es un artificio del artificio porque la verdadera poesía, la que no se puede definir, sino sólo «reconocer», habla sobradamente por sí misma, no transa, exige respeto, y en suma, sale victoriosa de cualquier acoso que se le quiera hacer. Medo ha creado belleza a partir de las palabras y eso se lo debemos, nosotros, los que existimos sólo por las palabras.

Dylan Thomas un día escribió: «De los suspiros algo nace / que no es la pena, porque la he abatido / antes de la agonía; el espíritu crece / olvida y llora: / algo nace, se prueba y sabe bueno, / todo no podía ser desilusión: / tiene que haber, Dios sea loado, una certeza, / si no de bien amar, al menos de no amar, / y esto es verdadero luego de la derrota permanente». Y ocurre una similitud con Medo, en el tercer poema C@ntig@.com: «otra vez curvado ante el fulgor azulino / compongo discursos a Perséfone / conmuevan y me otorgue el don / de mar que perdí. / En esta cabina alquilada, como si amor / fuera cosa de arrendar, / (dos soles cincuenta para Ronald), / y darle al teclado mismo Mozart / hasta saber algo de ti. / Mejor el Hades que el caos donde navego / aterrado por criaturas de MTV. / Shakira, Illia Kuryaky and the Valderramas / hubiesen bastado para que Jasón abdicara. / Pero no soy un argonauta, / tengo veinte / y te amo, rpúrpura. (p. 93)». Y líneas antes, en La feria de las tinieblas, Medo nos dice: «Escupo dolor donde luna desangra. / Sobre los fuegos de destituidos. / Sobre el hambre en los platos vacíos. / Sobre las mentiras con las que remonto su agonía. / Sobre el dolor. / La noche me sedujo enjoyada en su suave piel canela, / convirtiéndome en su sombra, aún a plena luz. / —Preferiría ser ciego antes que verte partir. / —Es absurdo— respondió. / Y la ciudad se me fue a pique con su rostro. (p. 39)».

Esta remitencia al entusiasmo lezamiano o su pasión por ese cierto malditismo más tópico y real, actual —pero también tan recurrente a otra estancia de la epicidad griega y latina—, posee una prestancia que poco a poco va distanciándose de otras poéticas hispanoamericanas, inclusive de las que marcan esas mismas características. En realidad, la recreación o la traslación, el sparagmos en sí, es el de unas fuentes previas, es algo tan connatural a la literatura que con razón se ha dicho que la «Eneida» pudiera verse como una suerte de «fanfiction» de Homero, en la medida en que las aventuras de Eneas son una continuación realizada por Virgilio del ciclo troyano. Es decir, algo parecido a lo que en el cine se llama el recurso a las «precuelas» o «secuelas» de un argumento o un canto como mecanismo de formación de una serie, de modo que la «Eneida» sería una «secuela» el mismo modo que la recreación de las historias anteriores de los héroes troyanos serían una «precuela». Medo no se va a los inicios griegos/latinos para quedarse allí, pero se ampara en la estela nietzscheana como en los fragmentos de Heráclito, de Pascal, inclusive en las reflexiones de Wittgenstein, allí se advierten los textos descontextualizados, es decir des-contextos y en consecuencia multicontextos y desde ese aroma de epicidad se vuelve en un lugar de regocijo para la posmodernidad, a una cabina de Internet, a una tienda Mc Donald’s.

El mismo Derrida en un análisis deconstruccionista se refería a este asunto en su estudio sobre Rousseau donde concluía que «Toda palabra tiene un significado diferente cada vez que aparece en un nuevo contexto, y esto independientemente de la cronología y de la intención del autor». El resultado es que un texto es en realidad un número indefinido y potencialmente infinito de otros textos, tal como lo corroboraría más tarde Katherine Hayles.

Desde la perspectiva intertextual, la consideración de los hipotextos subyacentes a estos textos nos lleva a indagar sus fuentes no sólo en los conocidos patrones de la mitología (epicidad), sino en una gran variedad de textos de la tradición folklórica y/o literaria. Correlato de culturas, diría el propio Medo. Todo ello tiene que ver con una cultura de la posmodernidad, que por un lado ha hecho del reciclaje y la hibridación, dos mecanismos básicos en su producción artística, lo cual se hace patente en este nuevo libro de Medo, aquí pues las series donde el mestizaje de contenidos, géneros y técnicas aparece por doquier; como una locura muy razonada. Capaz solamente de ser reconocida desde la perspectiva de la estética de la recepción, allí donde reaparece un poeta escribiendo sobre los muros electrificados de un manicomio o un lector con sapiencia de hermeneuta envuelto en la poesía: simbiosis de la construcción artística el poder de la imaginación y la capacidad explorativa.

El sincretismo de Medo (mezcla de géneros y de motivos o mitologías) que estructura a Sparagmos, deja en suspenso marcas diferenciadoras antes aceptadas o comunes en la poética del siglo XX o en la poesía tradicional (como la extensión del poema, su ritmicidad/historicidad, su unilinealidad, la jerarquía del ritmo y partes dentro del macropoema) sería, pues, la nota dominante. Los imanes que mantienen unidas estas series poéticas en Sparagmos son el lenguaje/héroe (protagonista, cual Dante atravesando el infierno) y/o el mundo ficcional a veces como relato unido por las continuas referencias textuales que aluden a geografías (Grecia, Italia, Perú, Chile, Arequipa, Huamachuco, Cusco, etc.) y, por supuesto a los personajes mencionados líneas arriba. Son estos entes quienes interactúan como auténticos contenedores de todas las posibilidades de desarrollo. Todo ello le presta, además, un aire muy posmoderno a este libro de Medo que, en realidad recicla y recombina muchos materiales, y desmantela códigos o valores obsoletos y modernos.

Además, el carácter de obra abierta hace que tales series, en su conjunto, tengan la apariencia de un texto de múltiples escrituras que se van superponiendo, puesto que al ser un universo no cerrado sino compartido los sucesivos autores o «versionadores» irán reescribiendo estos argumentos metapoéticos o, en otro caso, irán añadiendo nuevos elementos.

El lenguaje de Medo en Sparagmos tiene también una simetría dispersa, nebulosa casi entre las fronteras del vacío en que se encuentra el pensamiento de lo que refería Lacan sobre el lenguaje (la interrelación entre estructura del inconsciente y lenguaje, la primacía del significante sobre el significado, y que sólo accedemos al inconsciente mediante la representación de las imágenes oníricas a través del lenguaje). Medo, como poeta, está interesado en enfatizar que esas imágenes tengan una significación distinta, volátil al ser parte de un flujo de imágenes oníricas que van desapareciendo con la misma celeridad con la que aparecen (El enfoque estático de la literatura ha sido sustituido por el dinamismo del postestructuralismo semiótico). Esto es, se escapan de ser atrapadas por un significado fijo y estable.

Tenemos así una primera interrelación entre la concepción del lenguaje inconsciente, según es descrito por el psicoanálisis, y la teoría del lenguaje literario propuesto por Benet, según la cual el lenguaje (comenzando por los vocablos) carece de un significado estable.

Así, el onirismo de las imágenes de la poesía de Medo raya a veces con la vigilia y lo pesadillesco. Se alberga en lo conversacional. Su discurso, desde lo retórico es una anti-retórica; desde lo metalingüístico y lo moral destruye los pilares de su mundo. Lo «maldito» no sólo está en el tema, está en la forma de escribir: «Poetas, poetas, poetas. / Esos perros cagan piedras. / Espuma y humo exhalan. / Y nunca nos dicen nada. / Son inútiles. / Jamás tendrán visa / en el nirvana. (p. 326)».

En suma, podemos decir que el aura triunfal en Sparagmos es una construcción de imaginarios lingüísticos. Estas series poéticas utilizan medios recurrentes y no recurrentes, como la formación de estos mundos autoconsistentes a través de procedimientos tomados del mito (por ejemplo, las cosmogénesis peruanas, genealogías griegas, itálicas…). Y la poesía serial de Medo es inherente a una nueva propuesta en continua expansión, que a partir de un tronco inicial se ha propuesto desarrollar múltiples itinerarios de epicidad, sobre la base del marco común de un espacio (geografía), un tiempo (cronología) y/o un repertorio de personajes.

Así pues, sobre estos pilares está construida la idea de la existencia de un patrón en esta saga poética de Medo (Manicomio, La trovata, en esencia), reunida esta vez en 370 pp., series poéticas que, más allá de las marcas de los subgéneros clásicos (barroco, especialmente), aspiran a crear mundos autoconsistentes, ensanchando siempre una especie de frontera, aparentemente indisoluble de la creación y, esa experimentalidad que desborda las márgenes de humo que pretenden cerrar el paso de una nueva poética hispanoamericana.

Ahora la extensa avenida de las trashumancias huele a vino e incienso, a chicha y flores negras; pasa un cortejo de Baco, canta la cabeza de Orfeo. Medo toca la cítara. Propercio, Tibulo y Ovidio mueren otra vez y alguien (¿Eurídice?) cerca los jardines con sus huesos: la poesía está ungida de eternidad.

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