Cascahuesos Editores es una editorial independiente (o alternativa) de la periferia peruana. Fue fundada el 16 de octubre de 2007 en la ciudad de Arequipa, Perú, y ha tenido un constante crecimiento dentro del ámbito nacional e internacional gracias al esfuerzo que ha venido realizando con publicaciones periódicas de libros de narrativa (cuento y novela), ensayo y, en especial, de poesía, de algunos de los escritores más importantes de Latinoamérica, tales como Carlos Germán Belli (Perú), José Kozer (Cuba), Vladimir Herrera (Perú), León Félix Batista (República Dominicana), Yuri Vásquez (Perú), Alexis Naranjo (Ecuador), Raúl Bueno (Perú), Ernesto Carrión (Ecuador), Edgar Guzmán (Perú), Felipe García Quintero (Colombia), Enrique Verástegui (Perú), Luis Carlos Mussó (Ecuador), Domingo de Ramos (Perú), y a la vez, apoyando a escritores jóvenes latinoamericanos de gran proyección. Nuestro catálogo comprende hasta la fecha más de 70 títulos. Su presencia en el ámbito latinoamericano también se ha dado gracias a su activa participación en muchas ferias internacionales tales como la FIL Lima, FIL Quito, FIL La Paz, FIL Santo Domingo, FIL Guayaquil y FIL Arequipa, además de haber sido seleccionada para asistir, en mayo de 2014, al primer MICSUR (Mercado de Industrias Culturales del SUR) realizado en la ciudad de Mar del Plata en Argentina.

30.4.10

Nuestro quinto lanzamiento internacional: FUNDACIÓN DE LA NIEBLA de Ernesto Carrión


Nos complace informarles que ya se encuentra en prensa el nuevo libro de uno de los poetas más sorprendentes, radicales y a la vez lúcidos que ha aparecido en Latinoamérica a inicios de este siglo; se trata de Fundación de la niebla del poeta ecuatoriano Ernesto Carrión. Este nuevo libro, de aproximadamente 80 páginas y cuya escritura se realizó alrededor del año 2007, viene acompañado de dos sendos prólogos de los destacados escritores Fernando Balseca de Ecuador y Julio Hubard de México.


Sobre el libro:

«Fundación de la niebla es un libro necesario para recordarnos nuestras divisiones internas, nuestras roturas, las voces que nos habitan y que nos descontrolan, pero sobre todo para sentir que la condición humana es algo que día a día, en el acto de asumir la palabra, se va concretando en medio de dubitaciones, pasiones e instantes de sosiego. La poesía serena y directa —sin rodeos— de Ernesto Carrión nos trae el mensaje de nuestra singularidad en la diversidad de los escenarios por los que transitamos, en los que impera la sensación de oquedad, orfandad y finitud. La poesía es autosuficiente: es inicio y fin de algo, es fundante, es constituyente de humanidad. La de Carrión nos prepara para la vida plena de sentido. Y también para afrontar la nada en que existimos. Pero, al nombrar el vacío, nos da ánimo para ahuyentarlo por un momento» ha dicho Fernando Balseca.

«Carrión es el resultado de una escritura que lo va inventando; es una búsqueda genésica que se quiere más real que aquella parcela de sensatez que solemos llamar yo. Por eso se vuelve preciso no dejar de escribir, no ceder el espacio a una silenciosa nada ni a la plaza del habla mercantil; por eso no puede detenerse a ser escuchado: no es un diálogo sino una supervivencia. La cortesía con el lector es un lujo de quien no está en riesgo de dejar de ser en cuanto deje de proferirse. Es la notable trayectoria de una poesía que inventa a su autor. Y ese ser en formación comienza aquí, en esta Fundación de la niebla, y sólo tiene dos destinos: desvanecerse o alcanzar el ser» nos dice Julio Hubard respecto a este nuevo libro.


Sobre el autor:

Ernesto Carrión nació en Guayaquil-Ecuador, en 1977. Es autor del libro La muerte de Caín, cuarteto formado por los poemarios: El Libro de la Desobediencia, Carni vale, Labor del Extraviado y La Bestia Vencida (CCE, 2007), que es, a su vez, el primer volumen de una trilogía única titulada: Ø. Del quinteto Los duelos de una cabeza sin mundo, volumen siguiente, ha aparecido hasta el momento el libro Demonia Factory (Zignos, Lima, 2007/ Eskeletra, Quito, 2008/ Limón Partido, México D.F., 2009). Publicó además Toma esta cabeza mestiza por donde rodará un dios judío (Santa muerte cartonera, México D.F., 2008); y junto al poeta peruano Maurizio Medo los libros Contramano y Álbum de arena (Consulado del Perú en Guayaquil, 2008). Preparó también el libro Identidades a Plazo [Recopilación de textos de pacientes del Hospital Psiquiátrico Lorenzo Ponce] (CCE, 2008). Ha sido Premio Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2002), Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín (2007), Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade (2008), Finalista del II Certamen Hispanoamericano de Poesía Festival de la Lira (2009) y Becario del Fonca y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2009).

27.4.10

Lectura de CORTOMETRAJE por José Donayre Hoefken


En la apurada y breve reseña que aparece en la contraportada del libro de cuentos Cortometraje de Yuri Vásquez, se lee:

«Yuri Vásquez es la clase de escritor que no se conforma con la frase cumplidora. Por alguna razón, está condenado a buscar la expresión plena, aquella que no se resume en la oración ni en el párrafo ni en el texto mismo, pues se trata de una búsqueda más ilusoria que fáctica y, por su intrincado derrotero, destila más contrariedad que satisfacción. De hecho, el interés narrativo de Vásquez se relaciona con cierta manera de mirar y refractar lo invisible e inmaterial, y resolver —sin sucumbir en el intento— lo inexorable, aunque este desenlace sea ajeno al entendimiento o al embeleso de su consecución. La violencia, el sexo y el poder, que en el fondo tienen la misma materia viscosa en Cortometraje, cobran particulares brillos en cada uno de los catorce cuentos, obligando a que el carácter realista, insólito, fantástico o metaficcional de uno u otro pase a un rotundo segundo plano. Quienes esperábamos este libro no nos queda sino celebrar su aparición.»

Releo mis palabras y continúo suscribiéndolas. Sin embargo, gracias al tiempo transcurrido desde que escribí esas líneas, hace algunas semanas, puedo advertir la información que tuve que sacrificar para cumplir con la exigencia que el editor del sello Cascahuesos, José Córdova, me impuso: solo escribir entre ocho y diez renglones. Y es fácil imaginar lo que ocurrió cuando pretendí cumplir con aquella solicitud ante un libro realmente complejo, tanto por su estructura —que recuerda la metáfora del ouróboros, es decir, la mítica serpiente que se come incesantemente su propia cola— como la osadía con que Vásquez enfrenta, asume y retuerce diversos tipos de ficción desde un género tan exigente como es el cuento.

Lo primero que me asalta es el porqué del título: ¿será acaso por la obvia correspondencia entre el cuento y el corto cinematográfico, en la medida que el autor desperdiga a lo largo de su libro una estela de referentes y guiños que se relaciona con el denominado sétimo arte? Lo siguiente es el jazz casi como un Leitmotiv, incluso como una música subterránea que de vez en cuando (desde la dedicatoria del libro hasta las últimas páginas de la colección, e incluso en algunos títulos y epígrafes) aflora en su total evidencia, marcando un ritmo y dejando espacio para una sugestiva «improvisación» ante los corsés del arte de narrar.

Veamos, cuento por cuento, las principales intenciones estéticas, así como las preocupaciones temáticas y narrativas de Vásquez:

Cortometraje empieza con el cuento «Pithecantropus erectus», que plantea una situación muy difícil de que ocurra, pero no por ello imposible, o sea, no posible. Parece un cuento fantástico, pero se trata, en estricto, de un relato insólito, es decir, los hechos transcurren en la difusa frontera entre lo posible y lo lógicamente inadmisible. Según el propio Vásquez, «La tribu de los ichipawa», como también se titula este cuento, «refería la historia, usos y costumbres de una tribu extraña. La tribu, durante las noches, en la colina más alta del mundo, celebraba con fasto y regocijo, inexorables ritos sexuales, religiosos y sangrientos. Sin embargo, al despuntar el alba, la tribu, desesperada, contrita, corría colina abajo, tomaba sus autos aparcados y volvía a la ciudad, a sus casas y trabajos. El personaje medular era el guerrero, el bravo Kalumba, que en la civilización se llamaba Ernesto Rivas. Tenía familia; y él y su esposa Atawa/Sofía —así como todas las familias de la ciudad— ocultaban a su hijo, al pequeño Tony, los ritos sangrientos que practicaban por las noches».

Esta descripción de «Pithecantropus erectus» aparece casi al final del libro (p. 108), pues lo interesante de este cuento es el diálogo intertextual que establece con la última pieza narrativa de la colección, titulada «Canto de lucha haitiana», el cual, con el relato «Entre el caos y el pensamiento» del escritor Marcel Oquiche, se crea un muy sugestivo entroncamiento entre ambas historias, que llevará al lector al imperio de la metatrama, buscando un diálogo extratextual, más amplio y ambicioso, a partir del diálogo intratextual sobre su propósito, que tiene a Vásquez y Oquiche como interlocutores.

«Fábula del hombre eterno», el segundo relato del libro, nos brinda una historia, sin duda, fantástica, pero con un final cruelmente realista, que no resta el propósito típicamente trasgresor de aquel tipo de ficción. Lo mejor de este cuento es el descubrimiento de la inmortalidad y el asombro que dicha revelación implica. El remate —equilibrado, sobrio y tajante— corona impecablemente el estilo fluido del cuento, construido sobre una intriga muy bien urdida.

Quizás el tercer cuento, titulado «De un modo sentimental», sea el más extraño e inasible de Cortometraje. Además, aquí ya empiezan los problemas para circunscribir el texto en uno u otro casillero, aunque, en realidad, dicha tarea poco importa desde el alcance simbólico de la narración. Sobre la base de una historia paralela medio fantasmal, el personaje inicia una autoindagación, a propósito de una muchacha vista a lo largo de un extenso traveling desde una combi. Con este cuento, Vásquez consigue llevar al lector a un límite exquisito de su imaginación.

Y no bien uno se halla paladeando el relato anterior, tratando de sopesar el argumento más allá de la anécdota para entender el sentido último con que Vásquez trata de proyectar o desnudar a sus personajes, y se topa con el cuento «Las hojas muertas», una historia tan tierna como trágica. Todo nos lleva a pensar en la intención metafórica de este cuento, desde que el protagonista se confiesa ante una mujer de vida gris, pero lo cierto es que el absurdo se impone, y en contracorriente lo verosímil de la situación, no obstante que va contra toda la experiencia lógica del lector, deja caer su velo, hasta que surge una muy bien montada tragedia, en la que se anuncia muy clásicamente la inevitable fatalidad.

«Un blues en la noche», como bien nos advirtió el autor en las primeras páginas del libro, es otra puerta que se debe abrir en un corredor con muchas entradas o salidas. En este relato el autor propone una dimensión deliberadamente ambigua. ¿Se trata de locura o fantasía? ¿Lo que vive el personaje es un delirio o una extraordinaria experiencia metafísica? Enfrentar esa incertidumbre, y dejarse llevar por las reflexiones del protagonista, es lo mismo que flotar en el aroma dejado por la presencia perturbadora de una mujer tan inexistente como tangible en las huellas que desperdiga en el espacio nocturno de la intimidad y el deseo.

«El lado soleado de la calle» es, a todas luces, el relato más lineal, claro y realista de todo el volumen. Sin embargo, en nivel de sugerencias, matices y texturas es muy rico y engañoso. Aquí lo obvio es un desvío. Aquí lo que parece no necesariamente es, y lo que es está a punto de dejar de serlo o es un rastro de lo que fue o se imaginó que sería. Como el lado oscuro de la Luna, este cuento es una elaborada exploración de las apariencias en ciertas relaciones de pareja, que indaga en la fidelidad con el otro y en la lealtad hacia uno mismo para alcanzar un pleno desarrollo y libertad para ser simplemente un ser feliz.

«Cuando las últimas luces se hayan apagado» es, se podría decir, junto con el cuento siguiente, el centro del libro. Y no podría ser de otro modo. Se trata de un cuento ganador, con todas las virtudes y vicios que caracterizan a las obras que ganan importantes certámenes literarios. La lección que parece enrostrarnos Vásquez con este relato es que nada es aislado ni gratuito ni arbitrario. Aunque la moralina es lo de menos en este thriller de arquitectura sobrecogedora, casi de rompecabezas, donde la muerte es una materia tan plástica y lúdica como el óleo.

En «Sobreviviente a medianoche», Vásquez nos recuerda los tentáculos de la guerra interna, con sus dosis de violencia, terror, iniquidad e incertidumbre. Con rápidas pinceladas, reconstruye la muerte en vida —o la vida moribunda— de una sociedad representada en un individuo que experimenta la situación límite de saberse víctima y victimario de sí mismo. En esta historia, al igual que en la anterior, nada es aislado ni gratuito ni arbitrario, en un desdoblamiento alucinante y aterrador. Y lo peor es que la realidad es una cárcel sin muros y el individuo está solo… y solo puede llegar hasta donde su temor o su culpa le permite en medio de una absoluta miseria moral.

«Arroja tu destino al viento» es la desafortunada historia de un supersticioso. La crítica a la fe mal encauzada es lo más saltante, aunque no lo más significativo. Vásquez nos muestra en pocos cuadros cargados de ironía la degradación del protagonista —y la decadencia de su familia—, a partir de un aciago encuentro con un personaje que aglutina las más desagradables desgracias. Sobre la base de un absurdo tras otro, el protagonista encuentra un drástico alivio a sus pesares, en un remate elaborado con una soltura que deja traslucir el gran conocimiento del autor sobre las emociones humanas.

«Smoke gets in your eyes» (en español «El humo entra en tus ojos») es otra historia que explora las aristas de la felicidad en una relación de pareja, utilizando también como eje la fidelidad (o falta de esta) ante el otro y la lealtad (o su ausencia) con uno mismo. En este cuento la consecución de la felicidad tiene uno de los peores rostros que el ser humano puede entrever. Sin embargo, la música (como cita, mención, alusión o referencia), como en muchos otros casos de Cortometraje, permite resolver discursivamente lo inenarrable y aun lo narrativamente inefable o indecible. En este caso, se trata de la famosa canción escrita en 1958 por Otto Harbach y Jerome Kern, en la voz de Dinah Washington, y que da el sugestivo nombre al relato.

En «Round midnight» (en español «Ronda de la medianoche»), siguiendo las cadencias de la composición musical de Thelonious Monk, el autor retoma el tema de la muerte en un tono semejante al de «Fábula del hombre eterno», «Sobreviviente a medianoche» o «Arroja tu destino al viento», es decir, el individuo camina hacia la muerte, busca los brazos y caricias de esta, y se ayunta en un delirante éxtasis. Lo interesante es cómo el autor construye un preámbulo que deviene en un remolino de circunstancias, perfilando al personaje con emociones relacionadas con la culpa, el desasosiego y la perturbación, y dejando un halo de imprecisión para que quepan otras interpretaciones o posibilidades, a fin de que la sorpresa tenga un alcance más extenso y profundo, y la supuesta lección —el artificio de la metáfora— cale más hondo. En este caso, la película de la vida en un instante es la figura mortal con que se topa el protagonista, mientras recupera su esencia y fallece en una situación tan borrosa como el hilo que siguió.

«Sueños de un cisne hermoso», el antepenúltimo relato de Cortometraje, es otro cuento inasible, pero no tanto como «De un modo sentimental», el tercero de la colección. Aquí la sordidez se empalma con la descomposición de la sociedad y la desfiguración de las relaciones de poder. En las líneas penúltimas del cuento se lee: «Ella abrió los ojos lentamente, y con amor apretó las manos pensativas, libres, suaves de Joel Pereira. De pronto se oyó un gran estruendo que tal vez provenía de dos cuadras arriba del hotel; quizás en el jirón Húsares, por el Palacio de Gobierno». La situación es escabrosa y Vásquez la pincela con pocos colores pero con mucha luz, para sorpresa del lector: Ramona acaba de tener relaciones sexuales con un sujeto desagradable frente a Joel, y este, que apenas sale de su fascinación ante lo que presenció, por fin halla la libertad y el regocijo que siempre ha buscado. Las lágrimas corren por las mejillas de Ramona y Lima se vuelve más peligrosa.

«La puerta que se cerró para siempre» es un cuento desconcertante y esquivo que resulta muy difícil clasificar. Hasta cierto punto es una metáfora a lo Kafka de la banalidad del mundo contemporáneo. Es también una pesadilla o delirio de un paranoico, víctima, probablemente, de la banalidad que arrastra el mundo desde la declarada muerte de Dios. Aunque lo más probable es que se trate simplemente de una ficción fantástica o de una truculenta historia de terror que nos distraiga de la convicción de que el mundo se desploma, en buena medida, por la banalidad enquistada en los pilares de nuestra cultura.

Hablar en este párrafo final de «Canto de lucha haitiana», el cuento con que Vásquez cierra supuestamente el libro es, de algún modo, regresar al primer relato de la colección («Pithecantropus erectus»), en una suerte de maldición borgiana. Con esto uno corre el riesgo de quedar atrapado en la metatrama de Cortometraje, y convertirse en personaje de alguna de las pesadillas del autor, donde la violencia, el sexo y el poder, disfrazadas con la máscara de la muerte, son materias viscosas que resultan difíciles de apartar.

Yuri Vásquez. Cortometraje.
Cascahuesos, Arequipa, 2010. 116 pp.

* Texto leído el domingo 25-04-2010 en la presentación de Cortometraje en la Feria «Palacio de Gobierno», y tomado del blog Esta boca es mía de José Donayre Hoefken.

22.4.10

Domingo 25: presentación del libro de cuentos CORTOMETRAJE de YURI VÁSQUEZ en la Feria del libro “Palacio de Gobierno”


Cascahuesos Editores tiene el agrado de invitarlo a la presentación del libro de cuentos Cortometraje del escritor arequipeño Yuri Vásquez, ganador de la VIII Bienal de Cuento «Premio COPÉ 1994» y finalista de la II Bienal de Novela «Premio COPÉ Internacional 2009».

La presentación y comentarios estarán a cargo de los escritores:

• José Donayre Hoefken
• Lenin Velarde Paredes
• José Luis Córdova

Lugar: Salón Túpac Amaru del Palacio de Gobierno
Día: domingo 25 de abril
Hora: 5:30 p.m.

El ingreso es totalmente libre, (no olvide llevar su DNI para poder ingresar).
Los esperamos.

19.4.10

CARLOS VÁSCONEZ: “Entre el jardinero y su reloj de arena”


Entre el jardinero y su reloj de arena*

Por: Carlos Vásconez.

La literatura trasciende la ideología, las fronteras nacionales y las conciencias raciales. Y ello se debe a que la condición existencial del hombre es superior a cualquier teoría o especulación sobre la vida. La literatura es una observación universal que abarca los dilemas de la existencia humana. Si algo lo es, se debe a que viene impuesto del exterior: la política, la sociedad, la ética y las costumbres pretenden recortar la fuerza singular de la escritura. Pero hay buenos motivos para el optimismo. La literatura no solo no tiende a desaparecer sino que avanza con estimulantes conquistas de libertad. Jardín de arena, de Cristóbal Zapata, no solo ha nacido sino que propone una evolución de forma atractiva, pues se nota que descansa más en una sucesión de rebeliones y emancipaciones gracias a las cuales su autor logra las condiciones de una literatura autónoma, pura, liberada del funcionalismo político.

No me he cansado de decir que un escritor no puede hablar como portavoz del pueblo o ser un himno o la voz de una clase social o de un movimiento artístico, porque en todos esos casos la literatura deja de ser literatura para convertirse en un simple instrumento de poder. Lo que digo es que un escritor solo se representa a sí mismo y su voz es obviamente débil, pero es precisamente esa voz personal, su voz de pájaro solitario, la que resulta más auténtica.

Cristóbal Zapata, nombre reconocible en el ámbito cultural nacional, nos entrega esta noche un poemario que tiene la contundencia como para ser llamado así. Jardín de arena, homenaje a la sensualidad y a la estética, es además un claro ejemplo de pasión y de calma, de sencillez y de exuberancia, en otras palabras, es un ejemplo vivo, latente, de lo mestizo y la contraposición de términos. Paradójicamente, en “Jardín de arena”, su autor con paciencia clínica busca su voz, acaso su camino por una antigua tradición de sembríos. El título abarca, con sabiduría, lo habitable y lo inhabitable, lo fecundo y lo infecundo. Recordemos que el primer oficio del hombre fue la jardinería, el cuidado minucioso de los seres inanimados, el mantenimiento de la armonía. La arena, en cambio, es incontable, es una suerte de caos organizado, que también puede ser un laberinto (como en aquel cuento de “Las mil y una noches”) o un palacio para el solitario. Al elaborar y reelaborar estos jardines, parafraseando a José Kóser, prologuista de la obra, el autor simboliza la desintegración de todo lo humano y vuelve fértil al desierto; ergo, corrompe los límites, o acaso los amplía.

Resulta fácil pensar, ahora, en la voz de un hombre solitario llamado Franz Kafka, que admiraba a Strindberg, del que decía: «Esa rabia suya, esas páginas obtenidas a puñetazos». Y pienso esta noche en tantas páginas de Joyce o de Pessoa, obtenidas con los puños y cruzadas por el acero del dolor. El hecho de que Pessoa, Kafka y Joyce —paradigmas perfectos del pájaro cantor— recurriesen al lenguaje no respondía a una voluntad, por parte de ellos, de reformar el mundo, pero, pese a ser conscientes de la insignificancia del individuo, dejaron su voz, pues tal es, en definitiva, el duende del lenguaje. Zapata, cuya sensibilidad se evidencia en cada uno de los versos de este poemario, demuestra que sí, que antes escribir era más fácil que ahora, no existía con tanta fuerza la reflexividad sobre el trabajo propio. «Quizá todo comenzó con Flaubert —dice Sebald—, y la manera como se maltrató él mismo escribiendo. Rousseau y Voltaire, en cambio, se lanzaron alegremente a escribir, a seguir adelante, a mejorar la sociedad, a ilustrar». Al releer Jardín de arena, no siento la menor nostalgia de esos tiempos alegres. Encuentro un placer en seguir adelante sin las alegrías, con el erotismo de Cristóbal, con los ángeles / que hacen maromas en sus cinturas… orladas de arabescos. Me divierte, además, amar a la tristeza, a una nostalgia. Cuando casi todo el mundo habla de tragedia y fracaso final de la literatura, yo me limito a sentarme, con la barriga llena y el corazón destrozado porque no todos los tienen así, e imagino al cantor en su jardín.

Hará cinco años que a Cristóbal, para su desgracia, se le ocurrió amistar conmigo. Y puedo afirmar que conocerlo es atreverse a experimentar una aventura, similar al recorrido de estas bien hilvanadas páginas de “Jardín de arena”. Y este viaje es como un barco o una tumultuosa caravana que se dirige directamente hacia el abismo, pero el viajero (que bien pueden ser el poeta o su lector), lo intuimos en su asco, en su desesperación y en su desprecio, quiere salvarse. Lo que finalmente encuentra, como Ulises, como el tipo que viaja en una camilla y confunde el cielo raso con el abismo, es su propia imagen. Henos ante un libro que propone ese viaje y a su autor, Cristóbal Zapata, nuestro barquero, que nos dice entre otras palabras sin odisea ni epopeya, / puedo también acceder a la Nada.

Como todo poemario digno de ser llamado así, éste nace para refundar el mundo. Es un pájaro en la aurora, el candor de la mañana. A pesar de formar parte de la sombra, la ignora, lo que puede terminar por atraerla. En su museo de cera de personajes, si es que se me permite el término, podemos hallar lo helenístico de igual manera que lo suburbial, el sexo desmedido pero siempre emergente desde el tuétano hasta fastuosos templos de la Nada, como el desierto, el mar y el viaje, que los recorre. El azur del espíritu de este Jardín de arena, permite que se muevan en él Ulises, Dionisio, Jorge Carrera, el Destino. He aquí el juego con el hedonismo: con el fetichismo —lo que es ya otro fetiche—, con el voyeurismo, con las ganas de ser, en palabras del viejo Borges al referirse al bardo de Stratford, todos los demás y nadie; el juego con el tiempo, que es la materia de la cual estamos hechos los hombres; el juego con la voz de la inocencia, que es la voz del derroche.

Esta avezada literatura invoca a Eros, verbigracia:

Venus de Agua Dulce, tu primer acto consiste en desnudarte al borde del estuario y elevar una plegaria a Yemayá. Tras este premeditado ritual ejecutas un paso de danza: te recuestas sobre la arena de la playa y nos descubres la arcana belleza de tu concha primorial: valva, vulva, malva.

La plegaria, la plegaria, la plegaria. En este Jardín de arena se la eleva, se la construye como un ser en cuatro etapas, cada una que remarca un sentido vital, “un camino de cerezos en flor”, una “vereda matinal”, una “melodiosa percusión de la luz”. “Poema de adviento” y “Plegaria del fauno”, dos joyas de la literatura contemporánea; asimismo, dos plegarias.

En una sociedad decadente, donde la ética y la estética no son más que recuerdos ajenos, la sensualidad, es decir la voz, la comunicación entre los cuerpos, el erotismo u homoerotismo, enaltecen las gracias mundanales y les dan sentido. La decadencia, entonces, no se da por la pasión sino más bien por su ausencia.

«¿Regresará Dios cuando su creación esté destruida?», se pregunta Elías Canetti. No lo sé, pero soy tan optimista que creo que habrá escritores para contarlo.

No hay una verdadera esperanza que no haya empezado por ser una esperanza desesperada. Todo escritor, me parece, empieza así el largo recorrido de escribir. Estas páginas, este jardín que está para ser leído, donde podemos vivir sin ser regidos por la arena de un reloj que en conteo regresivo nos anuncia nuestro fin, no ceden al olvido, roedor de todo lo humano y celestial, más bien brindan al paladar el exacto sabor del vino y dan al oído tonos tan dulces como el de una cuerda del violín de Paganini, porque el sexo y los libros no nos llevan a ninguna parte, sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontrar algo, para encontrar cualquier cosa: lo nuevo, lo que siempre ha estado allí, el primer arado, el dong de nariz luminosa, la filosofía, el jardín perdido. Qué bueno, y esto es un agradecimiento a tanta plegaria, qué bueno, digo, que existan personas como Cristóbal Zapata que, en medio de estas autopistas finisemanales y entre tantas contabilidades automáticas, nos cuenten sus añoranzas de paraíso perdido y sus intimaciones de libertad contradictoria, los variegados números de la poesía.

Cuenca, jueves 11 de febrero de 2010.


* Texto leído el pasado jueves 11 de febrero en la presentación de Jardín de Arena de Cristóbal Zapata en la ciudad de Cuenca - Ecuador. Acompañaron, además del autor y de Vásconez, José Córdova, los amigos: Alexis Naranjo, Roy Sigüenza, Patricio Palomeque, Galo Torres, Silvia Ortíz y Eugenia Washima.

16.4.10

Debut literario: DIVINA DANZA, primer libro de poemas de NÉSTOR MÁLAGA CARPIO


Cascahuesos Editores anuncia la publicación de Divina Danza, primer libro del joven poeta arequipeño Néstor Málaga Carpio*. Fieles a nuestro estilo de promover los nuevos valores de la literatura del país, ahora es el turno de este talentoso poeta, quien se suma a nuestro gran catálogo de publicaciones de este año y que será puesto a disposición del público en las próximas semanas. Y para que se vayan deleitando con su creación, aquí les dejamos un adelanto:

Primera deducción:

Qué es nuestra sombra
sino el anzuelo
que lanza nuestro cuerpo
hacia la muerte.


* Néstor Málaga Carpio nació en Arequipa en 1985. En el colegio no ganó ningún concurso de poesía y en la universidad no perteneció a ningún colectivo o grupo literario. Actualmente es Médico Cirujano graduado de la Universidad Católica de Santa María, carrera que nunca se le ocurrió abandonar por la literatura. No le han publicado en revistas de México o España. No lo han antologado, ni traducido al inglés o italiano; pero ha participado en recitales organizados por la Municipalidad Provincial de Arequipa e instituciones culturales como la Alianza Francesa, también de arequipa. Poemas suyos han sido publicados en la revista electrónica El Hablador y en la pagina Web Urbanotopía. Y a pesar de ello, nunca logró conquistar a la chica que quería. Sin embargo, ha descubierto que esta publicación es una forma de estar entre sus manos.

10.4.10

Nuestra nueva publicación: “CORTOMETRAJE” de Yuri Vásquez, PREMIO COPÉ 1994


Nos complacemos en informarles que, tras un paciente seguimiento, hemos conseguido extraer de la prolífica obra inédita del escritor arequipeño YURI VÁSQUEZ el primer volumen de cuentos Cortometraje, el mismo que será lanzado al mercado en las siguientes semanas con el propósito de ponerlo en consideración del gran público lector.

YURI VÁSQUEZ nació en Arequipa en 1963. Es abogado de profesión y se desempeña como abogado liberal e independiente, así como asesor legal en la esfera de la Empresa privada. Tiene, además, estudios de Maestría en la especialidad de Derecho Penal. Es uno de los más importantes animadores de la narrativa arequipeña de los 90, destacándose por su gran proyección literaria al haber obtenido el primer lugar en la Bienal de Cuento del premio COPÉ de 1994 con el cuento “Cuando las últimas luces se hayan apagado”, y haber sido recientemente finalista en la II Bienal de Novela «Premio COPÉ Internacional 2009» con su libro El nido de la tempestad (Subterráneos). También ha obtenido el Primer lugar en el III Concurso Nacional de Cuento con “La vida detrás de un Biombo” (1993), y el Tercer lugar en el IV Concurso Nacional de Cuento con “Blues en la noche” (1994), ambos organizados por la Municipalidad Distrital de Paucarpata en Arequipa.

Cuenta con una abundante obra inédita, conformada por los libros de cuentos Los imaginados, Témpanos y Kamikazes y las novelas Los últimos dioses del opio, Abel y la mujer desnuda, y La inmensidad, la misma que se encuentra en pleno proceso de preparación. Ha recibido palabras elogiosas en estudios críticos de la nueva narrativa peruana por parte del prestigioso crítico literario Ricardo González Vigil. Y no obstante, su renuente actitud a publicar, debido al apoyo y por recomendación de los pocos que conocen su obra, todos estos libros se publicarán próximamente.

«YURI VÁSQUEZ es la clase de escritor que no se conforma con la frase cumplidora. Por alguna razón, está condenado a buscar la expresión plena, aquella que no se resume en la oración ni en el párrafo ni en el texto mismo, pues se trata de una búsqueda más ilusoria que fáctica y, por su intrincado derrotero, destila más contrariedad que satisfacción. […] La violencia, el sexo y el poder, que en el fondo tienen la misma materia viscosa en Cortometraje, cobran particulares brillos en cada uno de los catorce cuentos, obligando a que el carácter realista, insólito, fantástico o metaficcional de uno u otro pase a un rotundo segundo plano. Quienes esperábamos este libro no nos queda sino celebrar su aparición», ha dicho, entre otras cosas, JOSÉ DONAYRE HOEFKEN, respecto a este primer texto.

Cortometraje será presentado en las próximas semanas: el día 25 en la ciudad de Lima y el 30 en Arequipa.

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