Roger Santiváñez acerca de SPARAGMOS de Maurizio Medo



BROTHERS IN ARMS

Conocí a Maurizio Medo a través de la fugaz estrella del rock subterráneo del Perú Patricia Roncal, mejor presentada como María T-ta a mediados de los inmarchitables 80s. Tuve la ocasión de contribuir con algunas palabras la noche del lanzamiento de su primera colección de poemas Travesía en la calle del silencio en la taberna 1,900 en Barranco. A partir de entonces una gran amistad poética me ha unido con Maurizio Medo. Varios encuentros alrededor del cine Roma en Santa Beatriz —barrio de su hogar paterno— bajo los susurrantes árboles del Parque de la Reserva y después en el conciliábulo del grupo editorial Asalto Al Cielo en la calle Talara de Jesús María.

Viejas historias de la poesía de los 80s. Recuérdome en la cumbre de la fiesta cantando a dúo con Maurizio, el Himno de La Inmaculada, ambos exalumnos jesuitas. O con Mazzotti en el Superba o en el Colinita en un verano que antecedió a la pérdida de nuestra inocencia. Quizá de allí proviene ese excelente verso suyo de expresionista factura: “triste es el crepúsculo en los urinarios”. Memorias que nos llevan a reflexionar sobre la pasión poética de Maurizio. Pocos como él en su entrega cotidiana al fervor de la creación. Y a la búsqueda de un nuevo lenguaje, como podemos comprobarlo en esta estrofa de la mala hierba: “mariposa chuang tze lloraba tornasol sin saberse mariposa / alhajando los pétalos de madre. ella / acunaba el tallo exorcizando samsa pesadillas y espinaba al jardinero /que nos regaba obsesionado con forzarle la belleza / […] / cuánta tibieza in uterus di madre, incaricia pistilar dolce polénica.” Indudablemente estamos ante unos de los despliegues musicales más actuales de nuestra poesía.

Poseedor de vastas lecturas y enorme cultura Maurizio se apropia lúcidamente de la tradición, para devolvérnosla convertida en un nuevo canto, donde el poeta se ha fajado con la voz del lumpen, con el giro coloquial, con la imprecación urbana, la soledad de la memoria infantil, el álbum familiar; la insondable bóveda del universo como enigma metafísico, en suma. Por eso es capaz de escribir: “¿y qué es la sabiduría / sino esa vieja canción, vinilo / en 33 rpm que gira y gira / sobre un tornamesa que extravío / en alguna oreja / su volumen?”.

Hace muchos años que yo no veo a Maurizio Medo. Desde el verano de 1998 cuando coincidimos habitando entre los jardines y edificios de San Felipe. Poco después emigré. Pero siempre hemos mantenido esta férrea simpatía fundada en el amor y la devoción por la poesía, intacta, desde la primera vez. Me complace sumarme a las voces que celebran su nuevo Sparagmos y qué mejor que rodeado de los jóvenes poetas, renovada savia de los árboles del paraíso, porque como bien dijo Pound en el penúltimo de sus Cantos: “I have tried to write Paradise / Do not move / Let the wind speak / that is paradise”. En eso estamos.

[Roger Santiváñez. 25 de diciembre de 2008, a la orilla del Meles]

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