Eduardo Milán acerca de SPARAGMOS de Maurizio Medo


SALUDO A MAURIZIO MEDO

Eduardo Milán

La poesía de Maurizio Medo encarna una situación de la poesía latinoamericana actual: la que ve la pérdida de memoria, de entronque con la memoria de sus ancestros que le otorgan legitimidad. Un velo se ha descorrido ahora, un velo que la poesía anterior a la generación de los nacidos en los sesenta, la de Medo, parecían no querer tocar. Las excepciones bordean la épica —Zurita, Montalbetti— rara vez la lírica. La poesía de Medo viene a señalar esa ruptura. No refiere el señalamiento al hecho de una ausencia de memoria: la memoria estaba en la generación anterior a la del medio siglo, estaba, sobre todo, en el bello y enorme trabajo de construcción épico-lírico de Ernesto Cardenal. Pero en general rondaba siempre la unidimensionalidad, ya lingüística —experimentación verbal—, ya temática —el cambio social que nunca vino—. La mezcla, el trabajo de cruzar las aguas es el arte de Maurizio Medo. Se trata de rehacer el puente, de hablar las hablas no habladas: de eso se alimenta la poesía de Maurizio Medo. Sin temer la tangencialidad del recluso, la raya que cruza el cielo del loco, lo feo, lo no abordado por léxico prohibido, el feto latinoamericano, la barda que se levanta para que no se vea acá.

La poesía de Maurizio Medo es esa multivocalidad donde habla a veces un beat y al lado un dolcestilnovista hilados por un tiempo poético que parece desoir el abrumador tiempo histórico presente, muy lejos de terminar. Hablan voces venidas del costado que ladean no al canto: a la posibilidad abierta, en interrogante, del pájaro parado sobre su garganta. Hay un poema de la ciudad seca que habla con el zen lluvioso de la montaña. A la par, siempre a la par. ¿Cuál montaña? Una de Perú, una del Tibet, una de Bolivia. Lo que costea el canto en su ir de costado no es el hundimiento de un barco. Parece, mejor, un horizonte en construcción. ¿Eso está bien? Pienso que sí. Hay que recordar que la pérdida de memoria alude a la ausencia de horizonte del propio horizonte. Si lo que levanta está atravesado por el grito es porque ya no hay otra manera.

*En la imagen: Eduardo Milán y Maurizio Medo. Tomada de aquí.

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